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EDITORIAL
Hambre indígena
Aquellas imágenes que llegaban a Panamá a través de medios masivos de comunicación, donde se presentaba filas de emigrantes en Africa en busca de seguridad y alimentos, se veían tan lejanas a esta nación. Pero con la noticia la semana pasada de indígenas de Río Sereno, que llegaron a Colón y Coclé, huyendo de la pobreza en las montañas chiricanas, la realidad sacudió algunos sectores.
Para que un indígena o campesino abandone sus tierras, la situación tiene que ser verdaderamente seria. Pero una vez más se comprueba que la vida del país no se limita a la región metropolitana o cabeceras de provincias, ni que los problemas que aquejan a los de acá son más importantes que los de allá.
Mientras por un lado, aquellos que tienen la potestad de facilitar soluciones para la sociedad se pasan los días del año preocupándose por la imagen y en campañas políticas adelantadas, hay un pueblo que está pasando penurias de las cuales no se entera la faz del país, a menos que los afectados salgan a reclamar y se hagan sentir.
El Gobierno Nacional ha presentado planes de trabajo en el renglón salud y educación, pero poco se ha visto en cuanto a resultados. ¿Muchas veces las iniciativas no llegan a la raíz del problema y deben suceder cosas extremas para actuar con prontitud.
Como ocurrió en Darién. Pareciera que el país se dio cuenta que existía esa provincia con la magnitud de las matanzas que se dieron recientemente. Entonces sí hubo personal para trasladarse al área y hacer un análisis de lo que ocurre allá.
Lo cierto es que en Chiriquí no hay guerras armadas, pero con la llegada de los indígenas se comprobó que la batalla que allá se libra es peor. Es la batalla contra la muerte, pero de una manera torturante y cruel: el hambre.
Lastimosamente Colón no es la provincia ideal para la acogida. No por mala fama, sino porque también es una región donde la pobreza y el desempleo azotan.
Pero ¿qué pasará cuando todos esos habitantes ocultos en las matrices de los pueblos decidan dejar sus casuchas para venir a la gran ciudad en busca de mejores vidas?
¿Cuándo se prestará atención a la gente que vive después del Puente de Las Américas, pero no en los poblados? El país vive sumido en una crisis donde el desempleo alcanza el 17 por ciento y la pobreza extrema afecta al 95 por ciento de los indígenas, es decir 95 de cada 100 indígenas no tiene los ingresos mínimos para subsistir.
Frente a esta alarmante radiografía de pobreza, se acercan los comicios electorales, y ahora es capaz que los aspirantes prometan hasta construir un río para cumplir con el puente prometido y obtener ese voto de la gente que nunca en su vida ha visto, y que posiblemente no verá si llega a ganar.
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PUNTO CRITICO |
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