La adolescencia es uno de los períodos más críticos para el desarrollo de la autoestima. Es en esta etapa en que la persona necesita hacerse con una firme "identidad", es decir, saberse distinto a los demás, conocer sus posibilidades, su talento y sentirse valioso como persona que avanza hacia un futuro.
Son los años en que el niño pasa de la dependencia a la independencia y a la confianza en sus propias fuerzas.
Los expertos aseguran que es en esta época en que los padres deben enseñarles a sus hijos las cosas básicas de la vida en lo que respecta a su vocación, en los planes para ganarse la vida, en el matrimonio, en los principios básicos de la existencia, en la independencia de la familia y en la capacidad para relacionarse con el sexo opuesto.
En la "crisis de identidad" de la adolescencia, el joven se cuestiona automáticamente, incluyendo la opinión que de sí mismo ha adquirido en el pasado.
Puede revelarse y rechazar cualquier valoración que le ofrezca otra persona, o puede encontrarse tan confuso e inseguro de sí mismo que no haga más que pedir a los demás aprobación y consejos de todo tipo.
Sea cual fuere su aproximación a su nueva identidad, el adolescente pasará inevitablemente por una reorganización crítica de su manera de apreciarse con el consiguiente cambio en su autoestima en donde logrará ser: independiente, asumirá sus responsabilidades, afrontará nuevos retos con entusiasmo, estará orgulloso de sus logros, demostrará amplitud de emociones y sentimientos, tolerará bien la frustración y se sentirá capaz de influir en otros.