OPINION


¡Tentáculos!

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Por Raymundo Moore
Colaborador

Casi todo el mundo sabe que un pulpo es un molusco cefalópodo que cuenta con ocho patas llamadas "tentáculos" (así, con el acento en la 'a', y no en la 'u'). Pero entre los humanos también existen los pulpos, sólo que éstos cuentan con cuatro patas -perdón, cuatro extremidades- que hacen las veces de tentáculos... y aunque tenemos una cáscara llamada cráneo que protege nuestro cerebro, ello no es suficiente protección contra los peligros que, como el molusco, corremos la mayoría de los seres humanos. Y es que los dos brazos que nos cuelgan, uno a cada lado, y las dos piernas que nos sostienen, se multiplican tantas veces como nuestra ambición y sed de lucro nos lo impone. Así tenemos que, desde tiempos ha, muchos tronos se han venido abajo por culpa de gente quienes con malévola astucia, han urdido los más nefastos planes para, no sólo hacerse de los bienes ajenos, sino también para derrocar al gobernante de turno.

La historia hoy en Panamá se ha repetido, y allí los tenemos... un puñado de legisladores que en vez de trabajar creando leyes para beneficio de sus electores, lo que han hecho, y siguen haciendo, es conspirar para lucrar, merced de la avaricia que los gobierna, y la hipocresía que los reviste. Y fíjense ustedes qué ironía: siempre que se invoca aquel pasaje bíblico con que muchos creyentes pretenden lavarse las manos, y que reza... "el que esté libre de culpa que tire la primera piedra...", frase ésta que, en estos tiempos, es sólo un decir porque todo el mundo no es un ladrón, ni un extorsionista, como tampoco soborna ni chantajea como a confesión de culpa lo hicieron ciertos flamantes legisladores panameños.

El padre Rómulo Emiliani fue un fervoroso pedigüeño para los niños y la población pobre de Darién, pero en ningún momento los legisladores sobornadores de hoy pensaron en conspirar para ayudar a esa gente... ¡ah no!, primero eran ellos. Nunca tampoco pensaron en diseñar un plan para asistir al Orfelinato Malambo... como siempre, primero eran ellos, los legisladores. Jamás se les ocurrió que con un poquito de imaginación y buena voluntad, podían conseguir las partidas para atender las tantas necesidades del sufrido y socioeconómicamente golpeado corregimiento de Curundú, donde el hambre, la violencia, la promiscuidad y la muerte, se pasean de la mano... ¡no qué va!, esos legisladores transgresistas de la ley eran ciegos, sordos y mudos ante esos hermanos panameños, porque primero, segundo y tercero eran ellos con sus 10 mil tucos al mes, sus exoneraciones, sus partidas circuitales (caja menudo para sus rebuscas), y todas las demás prebendas y privilegios de que gozan los sinvergüenzas. De allí que los tentáculos de la indiferencia, la indolencia, la hipocresía, la demagogia, la mentira, la traición, la falsedad y la avaricia, siempre fueron los valores y principios de mayor interés y prioridad para legisladores que hoy se erigen como la más baja afrenta ante el dolor social, económico, cultural, cívico y moral de la población marginada del país.

 

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