Las autoridades se han anotado una serie de decomisos millonarios de drogas en los últimos días en operativos realizados en diversas provincias.
Si bien hay que reconocerle a los estamentos de seguridad crédito por haber interceptado más de 2 toneladas de drogas en un solo día, también podemos interpretar el hecho como una señal de que los carteles están diversificando e intensificando sus actividades en el país.
Y es eso lo que está sucediendo precisamente. Tal vez no con la gravedad ni intensidad con que la sufren nuestros hermanos colombianos, mexicanos o centroamericanos; pero el avance en la influencia de los narcos puede sentirse.
Donde el narcotráfico entra, las vidas se pierden, y las sociedades se corrompen, como por desgracia está ocurriendo en este país. Cuando se trata con los carteles de la droga, nos enfrentamos a un monstruo de mil cabezas y un millón de tentáculos, con ilimitados recursos económicos, presencia e influencia internacional a los más altos niveles, y cabecillas despiadados y con una ambición sin límites.
Tal vez lo más grave de todo el fenómeno del narcotráfico es la atracción que el dinero "aparentemente fácil" de esta actividad ejerce sobre muchos panameños humildes, y no tan humildes.
El fenómeno de los tumbadores de droga y los homicidios por encargo son ahora asuntos de todos los días, producto de esa seducción que ejerce el dinero sucio de los narcos extranjeros en muchos de nuestros compatriotas.
Los agentes policiales pueden arrestar a narcos y decomisar droga, pero no pueden aconsejarnos sobre los peligros del dinero fácil. Eso nos corresponde a los padres, madres y a los amigos de verdad. Es una cuestión de valores, que se han visto agrietados por la falta de oportunidades en este país, y esto lo han aprovechado los narcos.