La mayoría de los partidos políticos optaron por mantener en secreto las donaciones de fuentes privadas que reciban. Se trata de un error, sobre todo ahora que existe una corriente mundial por la transparencia y contra la corrupción.
Los partidos reciben cerca de 20 millones de balboas en concepto de subsidios del Estado, los cuales no han sido manejados de manera transparente por algunas de las fuerzas políticas, que en vez de utilizarla para educar a su membresía, lo gastan mayormente en gastos de planilla. Los partidos, en algunos casos, sirven de refugio a los burócratas que salen del poder y ven en los fondos del subsidio una forma de subsistencia.
Unicamente Cambio Democrático votó en favor de divulgar el origen de las donaciones. Los opositores siempre alegan que es preferible no revelar el origen de esos aportes, porque los empresarios lo prefieren así para no ser blanco de la persecusión del gobierno de turno.
Sin embargo, lo más prudente -más que todo por la salud del propio partido- es divulgar el origen de esos dineros, porque así se establece una especie de mecanismo automático de prevenir infiltración de fondos del narcotráfico y de otra procedencia ilícita.
Un tipo que anda en travesuras pensaría dos veces hacer una donación, sabiendo que todo el mundo sabría quién realizó ese aporte.
No obstante, la dirigencia política piensa lo contrario. Frente a ello, habrá que esperar la acción de la llamada sociedad civil para que reclame la debida transparencia en los partidos, tal como se le exige al gobierno. De igual forma, la Asamblea Nacional de Diputados, debe jugar su papel y no patrocinar situaciones como la registrada en la Comisión de Reformas Electorales.