El matrimonio está en crisis, porque no hay amor auténtico, porque no hay madurez humana. Crisis, porque dentro de muchas casas se ha ido perdiendo la presencia y el amor de Dios. "Y será una sola carne". La voluntad de Dios es que la pareja cristiana sea una sola carne, que se unan en auténtico amor, que sean fieles, que se amen, que se perdonen, que se quieran. Los primeros beneficiados son ellos dos, después los hijos, luego la iglesia y la comunidad social, porque la familia es la base de la sociedad y también la base de la Iglesia.
Cada hombre y mujer a los que Dios unió en matrimonio, deben esforzarse día a día para ser mejores. Deben comprender que si Dios los unió, El les pedirá cuentas al final de los tiempos de cómo fue su unión matrimonial; que si Dios los unió, al final de la historia en el juicio final, les va a exigir mucho. El matrimonio cristiano es una gran responsabilidad.
Existen errores muy comunes en el matrimonio que hay que ir eliminando lenta y progresivamente, pero con fuerza y vigor. Mencionaremos los más comunes.
No tener tiempo para estar a solas. Esto es algo fundamental. La pareja debe tener tiempo para ella misma, tiempo para dialogar, para estar el uno con el otro. Les aconsejamos que de vez en cuando salgan a pasear solos. Que en su recámara no duerman los niños; primero, porque la pareja tiene derecho a la privacidad; segundo, porque van mal acostumbrando a las criaturas, haciéndolas muy dependientes de ellos. Aprenda a reservar un tiempo para su marido o esposa. Es recomendable que por lo menos dos o tres veces al año la pareja salga un fin de semana juntos a pasear.
Contar sus cosas íntimas a todo el mundo. ¡Esto es un terrible error! La gente no está preparada para escuchar sus cosas íntimas. Los problemas íntimos deben ser consultados al médico, al psicólogo, al consejero matrimonial, al sacerdote o a alguna persona preparada y cristiana que reúna garantías de seriedad. Y en este mismo punto, otro error terrible que se da en muchos matrimonios es meter a la familia o a los amigos en sus problemas conyugales, cuando la Palabra de Dios dice: "Dejará el hombre a su padre y a su madre y serán una sola carne".