Viernes 3 de enero de 2003

 

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  OPINION

EDITORIAL
Nueva cédula

Setecientos cincuenta mil panameños, más o menos la mitad de la marea electoral del país, deben cambiar sus cédulas de identidad personal en 17 meses, para poder usar el documento durante las elecciones del 2004. Todo esto luego que por falta de seriedad y supervisión oficial, se "perdiera" un número similar de tarjetas base para la confección de este importante artículo, desatando uno de los grandes escándalos políticos del año 2002.

El Tribunal Electoral asegura que puede hacer el arduo trabajo de expedirle cédulas a todos aquellos que lo requieren. El magistrado presidente, Eduardo Valdés Escoffery, dijo que extenderán los horarios y hasta en fin de semana, inclusive, atenderán a quienes demanden la confección del documento.

Ayer, la mandataria Mireya Moscoso -tal como hizo su predecesor Ernesto Pérez Balladares cuando se puso en práctica el viejo sistema- obtuvo una de las nuevas cédulas, dando fe de su confianza en la organización actual.

Hasta aquí, todo resulta protocolar, y nada debiera preocuparnos. Si el Tribunal Electoral está en capacidad de atender a 750 mil almas y sacarles su cédula en 17 meses, está por verse. Tal vez lo hagan, porque hasta ahora los señores de esta institución han demostrado gran temple en su trabajo. Si el documento será nuevamente utilizado para actos fraudulentos (como lo fue en tiempos de los militares, y como en tiempos democráticos también se falsificó), igualmente se verá.

Cuando Pérez Balladares lanzó el sistema de cédulas y pasaportes "inviolables", el público panameño se sentó a esperar. Y el escándalo llegó. Hoy los panameños, tan dados a la chanza y el buen humor, dicen lo mismo con esta nueva cédula: esperemos hasta que caiga el primer aguacero.

Pero el asunto no está para bromas. No dudamos de la capacidad del Tribunal Electoral para vencer la burocracia acartonada, y darle vigor al trabajo que se les viene encima. Lo que está en duda es el optimismo de la gente, la credibilidad. Todos se han esforzado por decir que en ningún momento se pensó en adulterar cédulas para hacer un fraude en el 2004. También se dijo por ahí, pero en muy baja voz, que ningún funcionario de gobierno estaba haciendo plata fácil vendiendo cédulas a extranjeros o narcotraficantes.

Sea como sea, es eso lo que se ha quedado en el ambiente: la duda del panameño común, tan acostumbrado a ser desilusionado, engañado. La gente ve como posible que alguien "grande" haya estado detrás de todo esto, y se preparaba una gran trampa en el 2004 o, si no, la "pérdida" de las cédulas se debió a que no se supo hacer el negocio que otrora enriqueció a algunos militares.

Hace bien el Tribunal Electoral en gastar dinero en campañas de medios para mejorar su imagen. Igual debiera hacer el Ejecutivo. No se queden con los brazos cruzados, porque cuando todo un pueblo pierde la fe, cuesta un mundo volver a encontrarla.

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