Hay gente que cree que todo lo puede arreglar con sobornos. En la universidad, cuando se daba cuenta de que estaba a punto de quedarse, la mejor solución era comprarle una botellita al profesor para que lo pasara.
A la hora de sacar una licencia, se va directo donde aquel funcionario torcido que le asegura que puede conseguirle el documento sin necesidad de hacer ningún exámen. Claro, todo precedido de un jugoso honorario debajo de la mesa.
Si es sorprendido conduciendo en exceso de velocidad, su primera reacción es tentar al oficial para que "olvide todo".
Si lo pillan en un delito, intenta sobornar a todos, desde el policía que lo detuvo, pasando por los fiscales hasta llegar al juez y al jurado.
Y cuando a este tipo de individuos se le ocurre meterse en política, puede decirse que le entró a un círculo de personas en el que se sentirá como pez en el agua. Siente que ha entrado en un exclusivo club en el que todos pueden hacer lo que les da la gana, hacerse ricos a costa del resto de los ciudadanos, siempre y cuando sepan "salpicar".
Para esta clase de individuo, encontrarse con una persona vertical, honesta y correcta, es un verdadero shock, al punto que no sabe reaccionar de otra forma que burlándose de él, o de hecho aumentar el monto de la oferta.
Hacer las cosas "como deben hacerse" suena como algo de otro planeta. La opción de los tontos, los débiles, o de aquellos que están limpios u obligados por las circunstancias.
Por ello es que cuando por fin deben responder por las consecuencias de sus errores y vicios, se sienten los buenos de la película. "Todo el mundo lo hace, y yo también", afirman, sintiéndose perseguidos por sus aparentes enemigos.
El país ha sido afectado ya demasiado por esta clase de personas, que vemos en todos lados y a todos los niveles.
Si deseamos avanzar como país, como individuos, y como profesionales, debemos tener en cuenta las consecuencias que tiene el vivir una vida basada en "el fin justifica los medios".
Al final, este tipo de filosofía de vida nos pasa la factura. Una que es prácticamente imposible de pagar. Ni siquiera "debajo de la mesa".