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FAMILIA
El problema
de la droga empeora cada año
El problema
de la droga empeora año tras año. Los cárteles
internacionales de la droga se vuelven cada vez más agresivos
y más expansionistas y atacan nuevos mercados con nuevas
drogas y nuevos sistemas de distribución. Su habilidad
es cada vez mayor para disimular y manejar el dinero producto
de las ventas. Más preocupante aún: utilizan sus
recursos cada vez mayores para interferir en los procesos democráticos
y económicos de los países, ejercen influencia
en los círculos políticos y ocupan sectores clave
del comercio y de las finanzas.
Se estima que el valor de la venta de droga en la calle ha
rebasado los 500.000 millones de dólares al año,
una cifra superior al presupuesto nacional de muchos países.
Cada vez más, los cárteles de la droga colaboran
con grupos terroristas, que utilizan la droga para comprar armas.
Por consiguiente, el tráfico de drogas afecta a la estabilidad
política, social y económica de los Estados. Las
principales víctimas de la droga son y seguirán
siendo los jóvenes, a quienes se induce a consumir droga
y a convertirse en adictos. No obstante, aunque el delito a nivel
de la calle se percibe de forma más inmediata como una
amenaza para la seguridad cotidiana, la principal amenaza de
nuestro tiempo es el aumento constante del poder de las grandes
organizaciones de delincuentes, alimentado por el tráfico.
El tráfico internacional de drogas está sumamente
organizado. Los traficantes pueden contratar a los mejores expertos,
juristas, financieros, expertos en logística y químicos.
Utilizan los equipos y tecnologías más modernos
para producir, transportar y distribuir la droga y blanquear
los beneficios. Los grandes traficantes pueden gestionar y financiar
todas las operaciones sin entrar en contacto con la droga y,
en muchos casos, gracias a las comunicaciones vía satélite,
viven en yates o en países donde la ley no puede alcanzarles.
Permanecen incólumes, porque rara vez se les puede vincular
a casos concretos de tráfico, o porque allí donde
están no se pueden establecer pruebas de su culpabilidad.
Gracias a su riqueza ilimitada, los barones de la droga pueden
comprar protección contra las acciones judiciales o, cuando
no es posible, utilizan la violencia para eliminar a los testigos
que pudieran incriminarles. La inundación de heroína
procedente de Asia, cocaína de Sudamérica, cánnabis
del norte de Africa o de drogas sintéticas desde las bases
europeas, es incontenible. Mayores y más frecuentes incautaciones
por parte de los servicios de aduanas podrían indicar
un mayor éxito en la localización de los envíos.
Casi siempre, estas incautaciones son síntoma de un mayor
flujo de droga. El verdadero éxito de la incautación
de droga en un determinado país sólo se puede medir
con certeza si a la ecuación se añaden los elementos
de precio en la calle y la pureza. Si los precios son bajos y
el grado de pureza es alto, un mayor volumen de incautaciones
sólo confirmará mayor cantidad de droga en el mercado.
Por lo que se refiere a la ley y al orden, observamos que
las fuerzas de policía y los servicios de aduanas cooperan
en la lucha contra la droga con mucha más eficacia que
hace diez o incluso cinco años. Pero siguen sin tener
el equipamiento adecuado y el personal es insuficiente. Nos congratulamos
de poder prescindir de los funcionarios de aduanas porque se
han suprimido nuestras fronteras, pero al mismo tiempo estamos
prescindiendo de recursos humanos con experiencia que serán
cada vez más necesarios para perseguir a los grandes traficantes.
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