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FIGURAS: ÓSCAR DE LA HOYA Y JAVIER ZANETTI VETERANOS CON REALIDADES DISTINTAS
Pugna contra el tiempo

España | EFE

Los deportistas que luchan contra el paso del tiempo son admirables, aunque a veces el coste de mantenerse en activo sea demasiado alto.

A sus 35 años, el defensa argentino Javier Zanetti lleva el peso de ser el capitán del Inter de Milán y sigue demostrando en el campo que resiste bien el avance de los años.

A la misma edad, el laureado boxeador estadounidense de origen mexicano Óscar De La Hoya sigue mirando fijamente a sus rivales con la intención de amedrentarlos, pero la fuerza de sus puños y la agilidad de sus brazos y piernas ya no es la misma de antaño.

A Zanetti, que sumó 128 partidos con la selección argentina en el reciente partido del debut de Diego Armando Maradona como estratega nacional, el buen fútbol le sale de sus botas con la misma facilidad de siempre.

El ex director de "La Gazzetta dello Sport" Candido Cannavó dedicó su columna al "eterno" Zanetti, al que define un "Señor Todoterreno" siempre listo para servir al equipo y del que ningún técnico "ha tenido jamás duda alguna".

A De la Hoya, en cambio, no le escribieron elogios después del combate.. Todo lo contrario. Sólo críticas y recomendaciones de que se retire tras la paliza que le propinó el púgil filipino Manny Pacquiao, de 29, en una pelea a 12 asaltos en la categoría welter.

El "Golden Boy" perdió por K.O. técnico en el noveno asalto y acabó con el rostro tumefacto, vapuleado por los golpes de "Pacman", campeón mundial en cinco categorías.

Lo que más sorprendió a los periodistas fue que De la Hoya, uno de los mejores boxeadores de las dos últimas décadas, en aquel combate apenas lanzó golpes, desorientado por la velocidad y la contundente pegada de su rival.

"Lejos estuvo aquel Óscar que lanzaba su efectivo jab zurdo y poderosos ganchos. Pareciera que sólo escaló el cuadrilátero para cumplir con el papel de receptor de castigo", escribió Alfredo Jaime Gómez, enviado especial de "Esto" en la página web del diario mexicano.

Después de la pelea, De la Hoya se marchó a un hospital de Las Vegas para verificar que estaba bien de salud y no asistió a la rueda de prensa posterior a una función que se había denominado "Combate Soñado". Su no comparecencia fue criticada por los periodistas.

Una humillación para un boxeador que ganó el oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 en el peso ligero y fue 10 veces campeón del mundo en seis categorías diferentes. El mito del boxeador surgido de una barriada de Los Ángeles quedó hecho trisas.

Un mito que había comenzado en los Juegos de Barcelona, donde celebró cada triunfo arrodillándose en el tapete y señalando hacia el cielo en memoria de su madre, Cecilia, que había fallecido de cáncer cuando él tenía 17 años. "Justo antes de la muerte, De la Hoya le había prometido que ganaría la medalla de oro olímpica", recuerda David Wallechinsky en su historia de los Juegos.

Zanetti y De la Hoya viven momentos muy distintos. El boxeador estará meditando su retirada, mientras el futbolista mantiene su pugna contra el paso del tiempo sin bajar la guardia.



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