Jueves 24 de dic. de 1998

 








 

 


MENSAJE
Cuando Dios es la única esperanza

Hermano Pablo
Costa Mesa, California

Era una carretera solitaria en el estado de Florida, Estados Unidos, y el atardecer estaba despejado. Todo invitaba a darle más velocidad al vehículo, así que Jerry Beach, dueño de un Grand Prix, aceleró su auto.

De repente un trozo de alambre de púas, tirado a media calle, se enredó en el eje. Jerry paró el vehículo al lado del camino y lo levantó con un gato. Se metió debajo para desenredar el alambre, pero por alguna razón, el gato cedió, y el auto cayó sobre Jerry apretándolo entre vehículo y tierra. Jerry, aunque estaba malherido, no murió pero no podía moverse, y no había nadie cerca del lugar para prestarle auxilio.

Comenzaron así como cinco días de odisea con el joven prensado debajo de su auto. Durante el día sufrió calores muy fuertes y en la noche pasó fríos intensos. Sufrió el ataque molesto y continuo de los mosquitos, las hormigas y otros insectos. Pasó hambre, sed, angustia, terror.

Por fin lo rescataron, exhausto, deshidratado, con 14 kilos menos de peso, pero vivo. Al preguntársele acerca de su experiencia, dijo: "Cuando perdí toda esperanza humana, entonces me acordé de Dios El llegó a ser mi refugio; Dios me salvó".

Este es un caso típico. Desgraciadamente son muchas las personas que acuden a Dios sólo cuando han perdido toda esperanza humana. Cuando se ven desesperadas, cuando todo en la vida se les hunde, cuando están a punto de naufragar y no les queda otra solución, entonces claman con desesperación a Dios.

Responde Dios aun cuando se le busque como último recurso? Sí, responde. Obviamente no es como tenerlo constantemente a nuestro lado, pero Dios escucha el clamor de quienes lo necesitan. Su deseo y su esperanza es que una vez que nos ha ayudado, vivamos siempre cerca de El, pues desea nuestra amistad.

Lo mejor es tener siempre a Dios como el primero y máximo ser de nuestra vida. Vivamos conscientes de El. Cultivemos su amistad. Conversemos con El como se habla con un amigo íntimo. Cristo puede ser el amigo permanente que nos acompaña en todas nuestras empresas. Cultivemos la presencia de Cristo. El quiere ser nuestro amigo.

 

 

 

 

 

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