Cada año para época de Navidad, se elevan la cifras de accidentes en niños y del país a consecuencia de la manipulación indebida de bombitas y fuegos pirotécnicos.
Menores mutilados en sus manos y dedos, así como otros con quemaduras de hasta tercer grado, forman parte de los accidentes que dejan secuelas permanentes y traumas sicológicos en los menores.
En los años 2002 y 2003, para el mes de diciembre ingresaron a los hospitales más de 200 casos de menores para ser tratados por quemaduras. Si bien para el 2004, las cifras disminuyeron ante las campañas de concienciación ciudadana y las medidas coercitivas, no se debe dejar de un lado el grado de responsabilidad que sobre el tema mantienen tanto las autoridades y padres de familias.
Por un lado las autoridades, no solamente deben ser enérgicas en sancionar y multar a los infractores de las disposiciones que regulan la comercialización de los productos pirotécnicos en Panamá, sino ser vigilantes para que no se vendan a niños.
Sin embargo, los padres de familia son los primeros en vigilar que sus niños no adquieran ese tipo de productos peligrosos que no deben ser manipulados por menores de edad.
No hay que olvidar que la primera escuela de todo niño es su hogar. Un padre debe vigilar lo que hacen sus hijos y no dejar que éstos permanezcan en las calles exponiéndose a peligros por el uso de bombitas, petardos y otros juegos pirotécnicos.
Los comerciantes también tener un grado de sensatez y no ver todo con mentalidad de caja registradora. Es irresponsable venderle ese tipo de productos a los chicos y el que lo haga se puede ganar una multa por parte de las autoridades.