(...)...Jesús se detuvo entonces y dijo, "Llámalo", y llamaron al ciego (de nombre Bartimeo), diciéndole: "¡Ánimo! Levántate porque él te llama". El ciego tiró su manto (y) de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús, quien, después de sanarlo, le dijo "Puedes irte; por tu fe has sido sanado...". (S. marcos, 10, 42-56).
Eso necesitamos un montón de panameños que nos jactamos de ser cristianos, pero en el fondo nos hace falta mucha fe... Somos 'remisos", perezosos y ciertamente que espiritualmente muy flojos para dar ese salto de fe como lo dio el ciego Bartimeo...y en lugar de ser testimonios vivos de fe, nos resignamos a sólo quejarnos y lamentarnos de nuestra "mala suerte".
Fue San Ignacio de Loyola quien dijo que, "...Para alcanzar una vida espiritual se requieren dos cosas principales: la corrección de las costumbres y la unión con Dios...". Entonces, si no damos ese gran salto de fe para romper esos eslabones de desgano, de flojera y de todo lo negativo de que está hecha la débil cadena de nuestra fe, jamás vamos a poder escuchar la orden que Jesús nos da, a través del ciego Bartimeo cuando le dice, "Vete, tu fe te ha salvado".
Las desgracias que hoy vive Panamá y el mundo no llegaron con Viteri, ni con Brewster, ni con el gringo Bush, como tampoco con el ETA español... El mundo fue condenado al pecado desde aquellos días de Adán y Eva, pero a través del tiempo y el espacio, hace más de dos mil años, Nuestro Señor Jesucristo, con el decidido apoyo de su ejército de profetas, apóstoles y proclamadores, hoy nos están pidiendo - nos ruegan - que por favor nos aferremos, arrepentidos, a lo único que puede salvarnos: ¡NUESTRA FE!.
Consecuentemente, imitemos al bíblico ciego Bartimeo y demos el gran salto de fe hacia nuestra salvación, modificando nuestra actual conducta, para tener el derecho de repetir, como aquel, "...Maestro, quiero ver...", pero con ojos de un cristiano renovado en su mirar hacia la conversión y un cambio de actitud. ¡Au Revoir!