Pese a la oscuridad que lo amenaza desde que perdió el 80 % de la visión luego de una operación en el 2002, Emiliano Mercado no ha perdido las ansias de luchar por la vida.
"No sé con quién estoy hablando, solamente veo un bulto que se mueve frente a mis ojos cansados", dijo el más veterano de los buhoneros capitalinos mostrando sus manos vacías, como símbolo de la pobreza que lo agobia.
Usando unos lentes oscuros para que el sol no moleste la sensibilidad de su frágil vista, este anciano de 81 años vende baterías y pegamentos en la Avenida Central, donde una multitud de gente pugna por hacer sus compras navideñas.
¡HAY QUE MADRUGAR!
"Aquí me gano la vida honradamente. Vengo caminando como puedo hasta este lugar, donde ya soy conocido y la gente coopera con lo que puede", subrayó.
Rodeado de otros buhoneros que venden vegetales, bolsas, agua de pipa, lotería y otras baratijas, Mercado pone amor a su humilde trabajo. ¡Un cuara, un cuara la batería!, pregona sin cesar.
"Por cada batería que vendo gano 10 centavos, lo cual me ayuda para malvivir, pero no puedo exigir nada más a la vida, ¿quién me ayudará? si todos mis amigos también son pobres", confesó.
El nació en Santa Ana, donde pasó toda su existencia.
"DIOS ES MI CONFIDENTE"
Nunca tuvo hijos, ahora con la edad a cuestas no tiene a nadie que le ayude a sobrellevar la soledad.
"Lo peor de todo es que no puedo hacer más de una cosa porque estoy impedido por la falta de visión, sólo Dios es mi confidente y me da compañía en esta oscuridad permanente", dijo.
Desde que los médicos lo sometieron a la intervención oftalmológica, se le redujo notablemente la visión hasta ver solamente sombras y una ligera luz que le permite caminar con cuidado.
Pese a todo, Mercado no le da tregua a la vida, insiste en seguir luchando pregonando con fuerza sus exiguas mercancías a los transeúntes, quienes pasan indiferentes llevando grandes paquetes.