a decisión del gobierno de Estados Unidos de revocar la visa al magistrado Winston Spadafora, bajo sospecha de corrupción, es otro escándalo que sacude a la Corte Suprema de Justicia.
El asunto es de tal gravedad, porque se trata de una de más altas figuras de la administración de justicia.
Ya no hablamos de un exministro o un expresidente al que se le retira la visa, después de haber dejado el engranaje gubernamental.
Ahora la medida alcanza a un magistrado en el ejercicio en el cargo. Se impone que el gobierno de Estados Unidos entregue a las autoridades panameñas las evidencias que mantengan contra Spadafora.
Lo que se impone como mínimo es la separación o renuncia de Spadafora y que a través de la Cancillería se haga una solicitud de información sobre los cargos que puedan existir contra el integrante de la Corte.
Además llama la atención, que la Embajada de Estados Unidos hiciera público esa medida, un día después que la Asamblea Nacional de Diputados decidiera archivar las denuncias contra ocho magistrados de la Corte.
La decisión norteamericana tiene el efecto de un terremoto sobre el Organo Judicial, porque el retiro de la visa no es a consecuencia de aspectos ideológicos, sino producto de señalamientos de corrupción.
La Corte Suprema de Justicia se ha hecho la ciega y sorda ante los reiterados llamados de la población para limpiar su imagen. Ahora, desde afuera, vienen los reclamos. Bien reza el dicho: cuando el río suena, es porque piedras trae.