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El 3 de noviembre del presente año en horas de la tarde estuve sentado en el Aeropuerto esperando la llegada de Justine Pasek, "Miss Universo". Por unos minutos estuvo delante de nosotro, parecía mentira, tan cambiada de apariencia, pero su sonrisa y sencillez humana era la misma.
Al día siguiente en la Presidencia fue una experiencia maravillosa al ver bajar a Justine al lado de la Mandataria de la República, las dos lucían tan natural. Al recibir Justine la bandera, tras palabras de protocolo, una lágrima se le reflejaba en sus ojos; al verla, sentí que ella se sentía orgullosa de esta oportunidad tan especial que le hacían, "abanderada de nuestras fiestas patrias".
Al caminar junto a ella por el Casco Viejo tras los saludos y aplausos de las personas, me daba cuenta que Justine se merecía esto y mucho más. En cada paso las personas le brindaban todo su amor, y ella tan natural para todas tenía una sonrisa y un beso. Ahora comprendo que Justine ha abierto las puertas para que los concursos de belleza sean importantes en Panamá.
Que Justine sirva de ejemplo a todos los panameños y nos veamos reflejados en su sencillez y humildad que la hace diferente a muchas otras reinas de belleza, y que todos nos sintamos orgullosos de ella porque donde vaya dejará el nombre de Panamá muy alto. En el Centenario de la Nación, hace historia como la primera Miss Universo panameña. |