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CUARTILLAS
Educar
 
Milciades A. Ortiz Jr.
Colaborador
Aunque moleste a varios conocidos y amigos educadores, debo confesar que estoy en contra de las llamadas "jubilaciones especiales", porque no apoyo "fueros ni privilegios", como dice la Constitución panameña en algún lado. Que no me vengan con el cuento que el educador "se desgasta mucho". Hay otros trabajadores que pienso que sufren peores daños por causa de su labor. Por ejemplo, los empleados de la construcción y los que trabajan bajo tierra en minas. Conozco compañeros de estudios de secundaria que antes de cumplir los cincuenta años de edad, lograron jubilarse con el último sueldo de profesores de nivel medio. "Ya no soportaba a los alumnos", me dijo uno de ellos, queriendo justificar su pronto alejamiento de la actividad educativa. Ya le dije que tenía más tiempo de trabajar como profesor en la Universidad, y que todavía podía "soportar" a los estudiantes. Entonces argumentó que "los alumnos de la Universidad no son tan problemáticos como los de secundaria o primaria". Aquí dejó en claro una injusticia que sufrimos los profesores de Universidades. Mientras, con las benditas jubilaciones especiales un educador de primaria se podía jubilar con el último sueldo, luego de veinticinco años de servicios, (lo mismo vale para los de secundaria), los que enseñamos en las universidades tenemos que jubilarnos con el Seguro Social. Siempre he pensado que soy tan educador como los de primaria y secundaria, aunque enseñe en un nivel superior, a gente adulta. Pero antes, con las "especiales" se podía jubilar un educador con menos de cincuenta años (con el último sueldo completito), mientras que yo tendría que esperar sesenta y dos años. Y sólo recibiría la mitad de mi salario máximo. Pero, para cuestiones de responsabilidades y normas educativas, la misma Ley Educativa aplicada a educadores de primaria y secundaria, vale para nosotros. Por eso me permito recomendarle a la nueva ministra de Educación, Dra. Doris Rosas de Mata, que ande con "pies de plomo" ante las solicitudes de algunos docentes para que vuelvan las "jubilaciones especiales". Repito: aunque moleste a muchos, se trataba de un privilegio, una discriminación laboral, una injusticia educativa. A propósito de la nueva dirigente de Educación, debo decir que ella es una persona de gran sensibilidad, que tiene celo por ser justa en sus decisiones, que escucha todas las partes en un problema, y posee un enorme compromiso con el mejoramiento de las condiciones de vida del país. Cuando fui Decano de Comunicación Social, ella ocupó el cargo de Vicerrectoría Académica de la "U". En situaciones delicadas, cuando trataron de "aprovecharse de su nobleza", de su sensibilidad como mujer, la Dra. De Mata siempre dejó a un lado cualquier subjetivismo para actuar con justicia. Y digo esto sin pretender conseguir un puesto, o por "cepillarla", como podrán pensar algunos de los miles de mal pensados que existen en Panamá. Creo que así como tengo libertad para criticar lo malo, también debo señalar lo bueno de cualquier administración. Esto incluye hablar bien de gente que pienso es correcta y se lo merece. Aconsejaría -gratuitamente- a la nueva ministra de Educación, que logre "volver hacia atrás" en algunos aspectos positivos de la enseñanza. Los niños deben "leer de corrido" al terminar el primer grado. Hay que insistir en la cortesía, buenos modales, respecto a los mayores, disciplina y el hábito del estudio y la lectura. Que el niño del próximo milenio sepa que si hace algo mal, recibirá un castigo justo, y no un premio como ocurre a veces con esta "modernización" educativa mal entendida.
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