Cuarenta y tres jóvenes soldados y cinco civiles fueron masacrados en una emboscada en el norte de Bagdad en uno de los atentados más sangrientos contra el nuevo ejército iraquí, mientras que un oficial de seguridad de la embajada norteamericana murió por un disparo de mortero.
La emboscada en la que murieron 43 reclutas del ejército iraquí y cinco choferes civiles se produjo en la provincia de Diyala, al norte de Bagdad.
Los soldados, oriundos de Amara y Kut, dos ciudades chiítas del sur, volvían a sus casas en minibús tras un entrenamiento en la base de Kirkuch (norte). Alí al-Kaaki, comandante de la Guardia Nacional de la ciudad de Mandali, precisó que las víctimas no estaban armadas. "Se trata de una ejecución. Los cuerpos yacían boca abajo", afirmó.