El oro verde se levanta de cuclillas para asomarse al mercado como una alternativa sana de inversión. Los beneficios directos de un sistema de reforestación podrían cambiar el semblante de la economía panameña ahora con proyectos tendientes a reducir los daños climáticos.
Rusia abrió las puertas a este negocio dormido. Con la firma de este país ratificando el Protocolo de Kyoto sobre emisiones de gases nocivos, en el cual los países más contaminantes del mundo se comprometen a financiar proyectos de reforestación, cientos de panameños propietarios de tierras degradadas o actualmente sin uso, pueden tener en frente una gran oportunidad de negocio.
Panamá, como país signatario, puede beneficiarse del convenio de cambio climático mediante el financiamiento y la venta de créditos de emisiones.
Los primeros pasos para abrir el mercado está dado. La Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y la Asociación Nacional de Reforestadores y Afines de Panamá (ANARAP) iniciaron una campaña para motivar a los propietarios de tierras, sin uso o que deseen transformarlas, a presentar una carta de intención voluntaria de participar de este tipo de proyecto.
Luego que estos proyectos de reforestación reciban la certificación de la ANAM, podrán ser vendidos a las industrias de los países que necesiten invertir en Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) para compensar su efecto contaminante en el ambiente.
Ojalá exista mayores oportunidades para poner a funcionar todo lo que no se les esté dando uso para mover la rueda del progreso que tanto desean los panameños. Quizás esto nos saque del abismo en que nos encontramos o nos ayude a respirar un aire más puro, donde al menos se sueñe con un mejor futuro.