"Yo me veía quemada". Fue lo que le dijo Vanessa Lee a su madre cuando retornó a su residencia con los nervios alterados.
Al igual que muchos otros panameños, Vanessa había salido de su casa llena de ilusiones para dirigirse a una entrevista de trabajo.
Lo que nunca se imaginó es que su intento de insertarse en el mercado laboral la llevaría al borde de ser devorada por las llamas.
Con el rostro compungido, y su cuerpo adolorido Vanessa narró los minutos de odisea que le parecían horas.
Cuenta la sobreviviente, que cuando el bus estaba cerca de la parada del templo Hosanna, ella se levantó de su puesto para bajarse y pagó con cinco balboas.
Vanessa le dijo al pavo que le diera el vuelto. Mientras el sujeto le contestó que no le iba a robar, ella veía que el humo salía con más intensidad, y en ese momento los nervios se apoderaron, aún más y expresó: ¡Pero, está saliendo humo!
La advertencia que Vanessa le hizo al pavo provocó la exasperación de los pasajeros seguidamente del chofer, quien al abrir la tapa del motor vio como el fuego empezaba a crecer.
Con la angustia en su mayor punto, Vanessa, se dirigió hacia la parte trasera del autobús, estuvo a punto de tirarse por una ventana de donde ya lo habían hecho cuatro personas, cuando de pronto percibió que una niña la miraba fijamente. "Cogí a la niña y se la pasé a un muchacho que estaba fuera del bus y después salí", dijo.
Una vez fuera del bus, se alteró más y comenzó a gritar: "¡Todos se van a morir!"
Debido a la impresión y a las repercusiones psicológicas, el esposo de Vanessa tuvo que sacarla de la triste escena y llevarla a su residencia, y horas después tuvo que ser llevada a urgencias del Hospital Santo Tomás, pues sentía dolor en la espalda, el cuello y las rodillas.
Pero el dolor más fuerte del cual tendrá que recuperarse es el de haber visto como las llamas consumieron los cuerpos de los otros pasajeros que fueron sus acompañantes de transporte en su ilusión de conseguir un empleo.