Los Demócratas ahora introducen nuevos elementos conflictivos en materia laboral como requisitos para ratificar en el Congreso el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Panamá. Pareciera que se repite la historia en espiral. Cuando se negociaban los Tratados Torrisjos-Carter, los panameños aprobaron en consulta popular un texto, pero luego los senadores introdujeron una serie de enmiendas -algunas de ellas contrarias a la letra y espíritu de los tratados- que por poco hacen naufragar el acuerdo.
Luego que la Asamblea Nacional de Diputados ratificara un documento, los senadores estadounidenses proponen permitir el derecho a huelga en el Canal de Panamá y reducir el número de trabajadores necesarios para constituir un sindicato. No hay que olvidar que uno de los argumentos que en 1977 y 1978 utilizaban algunos senadores para permitir la intervención norteamericana, era la posiblidad de decretar una huelga en la vía acuática. Ese era el sentido de algunas de las enmiendas promovidas por elementos como Dennis De Concini.
Ahora con la Casa Blanca acorralada por la mayoría Demócrata en el Senado, los negociadores panameños del TLC deben informar de manera oportuna y sin agendas ocultas, las intenciones norteamericanas. No se debe pretender que en la premura de la administración Bush de lograr un TLC con Panamá, se acepten propuestas "no potables" para Panamá.
Además, resalta una realidad, ya hasta los votantes Republicanos, tradicionalmente promotores del libre comercio, rechazan en un 60% ese tipo de apertua. Tomando en cuenta la cercanía de un período electoral, todo indica que el debate sobre el TLC, más que analizar las ventajas de índole económico, se puede politizar y entonces corremos el riesgo que salga un documento poco favorable a nuestros intereses.