Se dice que los niños, los borrachos y los locos dicen siempre la áspera verdad, porque la expresan con el sentimiento y no con la razón. Muchas veces los hombres y mujeres sobrios dicen, por formalismos y análisis de conveniencia, lo que los otros quieren escuchar; así siempre tendrán el beneplácito de sus receptores. De acuerdo a Carnagie, existe una gran diferencia entre la sinceridad y la adulación o la hipocresía.
Me quiero dirigir a aquellas personas que pregonan, que patrocinan, que engañan, que se venden, que lucran con las angustias del prójimo. Me refiero a los hipócritas, a los que manejan la doble moral, a aquellos panameños que intervienen en la palestra pública para defender o detractar de acuerdo a sus propios intereses sin importarles el dolor, el sufrimiento, la justicia y la equidad; me refiero a los que piensan solo en ellos.
En ese grupo vamos a encontrar a los antagónicos, a los que dividen, a los que defienden causas por el vil metal, a los murmuradores, a los irresponsables, a los que desamparan y desprotegen a los niños y niñas de mi país, a los que promueven leyes aberrantes, inmorales y sodómicas, a los que ensucian el alma de los niños, a los que corrompen sus puros pensamientos, a quienes no velan por los derechos de la niñez.
Me refiero a los malos padres y madres que acuerdan asesinar a los niños desde el vientre materno, a las autoridades que velan por la libertad y derechos de la mujer pero desamparan la estabilidad mental y el dolor sentimental de los menores, a las madres que prefieren a sus hombres que a sus hijos, a los padres que estrilan por los alimentos de los hijos pero que dejan sus salarios en antros de perdición, a los guías espirituales que amasan las ofrendas pero que no dan ejemplo de Jesús.
Me refiero a los que se tapan los oídos, se vendan los ojos para no ver las necesidades de los prójimos y para no escuchar el lamento del estómago del hambriento. Me refiero a mucha gente, que por dinero y poder, pone en juego su conciencia e inclusive, su salvación. Cambiemos hermanos.