Más del 90% de las personas que vemos en la calle -hombres, mujeres, ricos y pobres- se ganan su dinero honradamente. Tienen un trabajo formal, informal o un negocio que les da poco o suficiente para mantenerse ellos y/o sus familias.
Si su ingreso no les es suficiente para lo básico, se amarran el cinturón o se lanzan en pos de fuentes adicionales de dinero; pero siempre por lo legal.
Pero no todos somos así. Desgraciadamente, de vez en cuando nos tenemos que enfrentar a aquellos individuos que son de la teoría de que mediante el hurto, el robo, las drogas, la estafa, las apuestas y/o las constantes peticiones de "préstamos" que nunca devuelven, van a lograr encontrarse de frente con la fortuna. Invariablemente, lo que invitan a sus vidas es un final lleno de desgracias.
Unos se dedican a quitarle a los demás lo que se ganaron con mucho esfuerzo, otros engañan para obtenerlo. También se cuentan los que botan todo el dinero de la escuela de sus hijos en casinos, lotería y juegos de azar. Y en casos más graves los que le entran al negocio del narcotráfico.
Los que buscan el dinero fácil, logran una satisfacción inmediata cuando lo tienen en sus manos. Pero rara vez pueden disfrutarlo, ya que les dura muy poco, o no se sienten libres para gastarlo o invertirlo cuando quieran.
Un ladrón o un estafador puede regocijarse hoy con un tumbe, pero son personas que no tienen paz interna, ante el temor constante de que lo agarren.
Un jugador empedernido se encuentra en el cielo cuando se gana una apuestita. Pero, ¿cuánto dinero le ha tocado perder para sentir esa satisfacción efímera?
El que siempre pide prestado y no devuelve, rápidamente se convierte en un paria. Al final, siempre queda escondiéndose de los demás.
El que busca el dinero fácil, encuentra también fácil los problemas.