Alguien calificó al ex mandatario Guillermo Endara como el reconstructor de la democracia y en realidad ese fue su papel. Tras haber ganado abrumadoramente las elecciones de 1989 los militares decidieron anular esos comicios. Luego asumió el poder tras la invasión y heredó un país con una deuda de $3, 500 millones, desempleo galopante, la banca cerrada y un saqueo que quebró a muchas empresas.
Prácticamente de las cenizas, su gobierno logró levantar la nación. Su personalidad contribuyó a evitar profundizar las diferencias nacidas tras 21 años de dictadura y la democracia se consolidó al organizar elecciones transparentes, donde se reconoció el triunfo de la oposición.
Fue un panameñista de toda la vida, a pesar de militar en la última década en otros colectivos. Fue uno de los hombres fieles al caudillo Arnulfo Arias Madrid, lo que le costó exilios. Lo recordamos en las acciones contra el fraude de 1964 y luego contra el Golpe Militar de 1968.
En 1987 se le observó en plena vía España tirándole piedras a los antimotines, tras las revelaciones del coronel Roberto Díaz Herrera contra la cúpula castrense.
Era un hombre valiente. En plena dictadura se atrevió a decirle a Noriega que saldría del poder en pijama de madera. No tenía pepitas en la lengua; era algo efervescente y poco dado al protocolo. Paró en seco a representantes de Estados Unidos, cuando intentaron forzar el establecimiento de un campamento de haitianos en Isla San José.
Con sus virtudes y defectos, Guillermo Endara trató de dar su mayor esfuerzo por su país, siguiendo las enseñanzas arnulfistas de ser un servidor de la Patria. Fue de esos pocos presidentes que podían caminar por las calles de Panamá sin generar odios.
Cuando muchos mandatarios no se atrevían a ir al Hipódromo Presidente Remón para presenciar el Clásico Presidente, por temor a la silbatina del populacho, Endara concurría y folclóricamente expresaba que el abucheo, era un derecho del pueblo.
Guillermo Endara dejó un legado, sobre todo de honestidad en el ejercicio de la gestión pública. Hoy con su partida, el país debe recordar sus aportes en uno de los momentos más difíciles de Panamá, donde se atrevió a tomar la rienda de un país hecho trizas.