Según los especialistas en la materia, se puede heredar o recibir características biológicas de los padres o progenitores; como la transmisión de genes, rasgos, enfermedades, inteligencia; incluso las costumbres, actitudes y aptitudes de sus antepasados. Igualmente se puede recibir o adquirir herencia o sucesión de derechos y bienes, a través de un conjunto de posesiones y propiedades como títulos, hacienda, finca, terrenos, casa, apartamento, entre otros.
Lamentablemente, la palabra herencia que constituye riquezas en dinero o bienes, es muchas veces sinónimo de aflicción, por lo que ha causado conflicto, contrariedad y enemistad entre familiares y parientes.
Los progenitores en vida deben procurar la tranquilidad entre sus descendientes; y aún después de muerto, preservar y mantener los vínculos familiares y afectivos en la familia, dándoles a cada persona e hijos iguales derechos de herencia; no importa si alguno fue más afectivo, inteligente o productivo y el otro poco obediente o quizás no tuvo buen juicio en su mente.
Sea cual fuera la situación familiar, se debe procurar en lo posible evitar la desigualdad familiar, o en darle a "una sola persona" el derecho de ser el sucesor universal y dueño de toda la herencia; o que un solo individuo adquiera las propiedades de bienes, derechos y obligaciones que tenía otro al morir.
Actuar de esta manera conlleva a destruir y arruinar la armonía familiar.
En esta vida, lo importante es tener y dejar la "unión y la paz dentro de la familia" y que después que la persona fallece, se les recuerde con respeto, amor, cariño y afecto; y no dolorosamente con resentimiento, tristeza, amargura y rencor.