Las finanzas públicas deben manejarse con la mayor transparencia y así mismo debe ser con los informes económicos que se le presentan a la sociedad. El maquillar cifras sólo sirve para ganar tiempo y no para solventar la crisis que un resultado negativo encierra.
Cuando Rubén Darío Carles era contralor prácticamente no había secretos sobre los ingresos y egresos del Estado. Si la cosa andaba mal "Chinchorro" lo revelaba y si había superávit también. El hombre no andaba con tantas vueltas y nunca utilizaba lenguaje incomprensible para un pueblo que debe ser informado sobre la situación de las finanzas públicas.
Ahora las calificadoras de riesgo alertan que el anterior gobierno disfrazó y mintió sobre las cifras relativas al crecimiento, presupuesto y balance fiscal.
Al mismo tiempo, los responsables del nuevo gobierno manifiestan opiniones contradictorias sobre el proyectado crecimiento económico del país, sin tomar en cuenta que ese tipo de expresiones en vez de atraer inversiones las espanta.
Para fregar a la anterior administración, no se puede desconocer que el país tendrá un crecimiento superior al 5 por ciento y que la merma que se puede producir en el último cuatrimestre, ya es responsabilidad del nuevo gobierno.
Señores lo importante es la claridad en las finanzas públicas. Hablar de déficit fiscal y contratar nuevos empréstitos para cubrir el exceso de gastos sobre los ingresos, es esconder la basura debajo de la alfombra. Lo que se impone es un adecuado programa de austeridad que alcance a todo el engranaje gubernamental.
Al mismo tiempo se hace necesario revelar a lo interno del país, los planes que se tienen para evitar el colapso de la seguridad social. Llevar ante la banca internacional proyectos que los panameños desconocen, es poner la carreta delante de los bueyes. Se trata de un tema sensitivo que requiere la mayor transparencia posible y el menor grado de ocultismo posible.