El carpintero tenía semanas de estar desempleado. Se la pasaba en su casa "hueseando", mientras su esposa aparte del trabajo de doméstica, hacía frituras los fines de semana para traer más dinero al hogar.
Conociendo esas estrecheces económicas, le propuse al señor hacerme una zapatera. Al pedirle presupuesto, me dijo muy orondo que a él se le pagaba por hora, porque así lo hacían en su último trabajo.
Indicó que no podía rebajarse profesionalmente...
Lo miré y me mordí la lengua para no gritarle que dejara ese falso orgullo y llevara algo de comer a su casa.
Por supuesto que no le di gusto al fantoche, que prefería vivir del sudor de su mujer que agachar el lomo y trabajar en lo que fuera, aunque se le pagara poco.
Años más tarde, viví una experiencia totalmente distinta. Pero el carpintero no era panameño sino español. Con diligencia y capacidad me hizo una librera a buen precio.
Conversando me enteré que en su país había sido dueño de una mueblería. Ahora en América (Panamá) vivía haciendo "camarones" (trabajos de vez en cuando), porque tenía que comer.
No le daba vergüenza ganar poco dinero al antiguo dueño de mueblería. Nunca supe más de él, pero estoy seguro que logró superar su condición y conseguir un buen empleo.
Recuerdo que una vez le planifiqué a unos alumnos pobres un negocio de hacer un periódico pequeño, que circulara dentro del colegio. Cuando les dije que se ganarían solamente unos balboas a la semana, hicieron una mueca de disgusto. Prefirieron seguir sin planta en el bolsillo, que poner algunos balboas, aunque fueran poco.
Siempre he dicho que muchos panameños tienen complejo de superioridad porque somos un pueblo pequeño.
Aquí cualquier egresado de la Universidad quiere conseguir un puesto de miles de balboas, la primera vez que trabaja.
Por eso es que hay muchos profesionales desempleados, que prefieren "comerse un cable" a ganar poco dinero, ya que eso tal vez les da vergüenza.
¡Parecen no saber que algunos millonarios comenzaron ganando centavos!