Por más excusas que se busquen para explicar la compra de autos lujosos por parte de altos cargos del gobierno, no existe justificación alguna.
En una nación llena de necesidades representa un insulto que el Estado adquiera para un Ministro o director de entidad pública autos cuyo valor oscilan entre los 70 mil y 100 mil dólares.
Por eso es que muchas veces no hay dinero para otras cosas prioritarias, porque los fondos se utilizan para gastos suntuosos. No es que se quiere que los ministros anden en autobuses "diablos rojos" o sufran el diario "no voy" que le dispensan los taxistas al común de los panameños, pero tampoco se puede abusar con la compra de autos lujosos.
Ahora la explicación será que no hay nada ilegal y que la adquisición se hizo bajo la "transparencia" de PanamáCompras. Ese no es el problema, sino que ese tipo de gasto es como un gaznatón para el panameño común.
Si la plata fuera de los altos funcionarios nadie protestaría; si es su dinero, que compre si quiere un cohete para circular por Panamá, pero son fondos públicos que deben ser manejados de la mejor manera y no hacer fiesta con lo que nada les cuesta.