Habían transcurrido unas cuantas horas, cuando un poseído personaje de un grupo le dijo a los sabelotodo: es mejor que hablemos de la falta de carácter. ¿Dónde se realizó la amena conversa? Nada menos que en un popularísimo supermercado: doctus cum libro (sabio con libro). ¿Qué supermercado es ese? Es el famoso Super 99 de Vía Porras. El doctus cum libro, es decir, ser incapaz de crear ni aun de juzgar nada por sí mismo; o sea, pasarse recitando lo que han leído en los libros o inducidos por otro. Un Epigrama (expresión satírica) expresa: Esos lucimientos fatuos son de otro talento. Conozcamos cuál es el tuyo propio.
Pues bien, el tema: el hombre que carece de resolución; es decir, el hombre que no tiene carácter ni energía ni voluntad comete faltas y más faltas alimentando su alma de pesar. Es víctima de su bondad y de su complacencia; juguete de los demás y de sí mismo; nadie tiene en cuenta el bien que hace, y se le atribuye y reprocha todo mal que en su debilidad deja de hacerse semejante; será quizás inteligente y tendrá ingenio, pero su perspicacia no le sirve sino para hacerle ver cuán grande es su debilidad y cuán funestas son para él hasta sus buenas cualidades.
El hombre débil de carácter merece no pocas veces el amor o cuando menos el aprecio de muchos, pues no suele carecer de excelentes cualidades; pero le falta una sola cuya ausencia le hace objeto la fuerza moral del hombre.
Feliz el hombre joven que un padre previsor ha sabido precaver por medio de observaciones saludables que han quedado gravadas en su mente y en su corazón, contra el enemigo de todo éxito y de toda lucha la cual es la irresolución e importancia de la virtud; es decir, la falta de carácter.