¿Mito o realidad? Esta es la pregunta que muchos panameños se hacen, sobre todos aquellos en donde el desarrollo les ha puesto una antena en el patio suyo o en patio del vecino.
Los malestares que causan, a parte del efecto al paisaje cultural, se han hecho sentir en los últimos meses. Grupos organizados han salido a protestar por temores a ser afectados por radiaciones de estos aparatos que puedan afectarlos con cáncer.
La realidad de la siembra de antenas es otra. No causan cáncer. El Instituto Oncológico Nacional lo ratificó de la siguiente forma: "no hay reportes médicos oficiales que vinculen algún caso de cáncer producido por la emisión de ondas electromagnéticas generadas por las antenas celulares y de radio frecuencias.
El desarrollo conlleva muchos elementos. Uno de ellos es la proliferación de antenas. En este sentido, Panamá se coloca a la vanguardia en telecomunicaciones, pero ojo, este ‘boom’ no debe mal interpretarse con imponer la ley del más fuerte, por ello apelamos a que se respeten las normas mínimas de construcción para estar en paz con la comunidad para adicionarla al desarrollo.
Las instituciones que deben promover una cultura de entendimiento deben hacer su papel. La Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP), ha divulgado en varias ocasiones informes sobre mediciones de antenas,
En dichos informes se indica que los niveles de las emisiones electromagnéticas que producen las antenas celulares no son dañinos, pues los valores medidos se encuentran por debajo y dentro de los límites de referencia establecidos por la Comisión Internacional sobre la Protección contra las Radiaciones No Ionizantes.
El desarrollo no debe frenarse, siempre y cuando se respeten las normas locales mínimas y no se afecte la salud de la sociedad ni el medio ambiente.