Cuando decides tener un segundo hijo, estás mostrando que la experiencia de la maternidad es la mayor bendición que Dios te ha regalado, sin embargo, hay otros aspectos que te impiden dar ese paso tan importante en la vida.
Uno de esos es el pensamiento de tu primogénito. Para el pequeño, la llegada de su hermanito representa un desplazamiento, sentimientos de rivalidad y rompimiento de los lazos entre mamá e hijos.
Situación nada fuera de lo normal, pues a ningún primogénito, hombre o mujer, le gustaría la intromisión de alguien más en la familia, donde él es el único rey, por ello, es muy importante que los padres analicen bien cuándo es el momento para tener otro bebé. Para que el hijo mayor aprenda a compartir y aceptar a su nuevo hermanito, los papás pueden, según la edad del niño mayor, asignarles tareas en beneficio del bebé: alimentarlo, traer pañales, ayudar a sostenerlo, escoger la ropa y ayudar a vestirlo.
En cuanto a la rivalidad entre hermanos, se debe tomar en cuenta que esta es normal e inevitable, a veces se dice que en la rivalidad los niños aprenden sobre los demás y sobre sí mismos, así como a cuidarse entre sí. Por lo tanto, no deben preocuparse en proteger a un niño de los sentimientos de odio, ya que lo ideal es enseñarle a sentirse responsable del bienestar de su hermano y de la familia; todo esto se origina en el valor de compartir entre ambos, siempre recordándoles a sus hijos que una de las más lindas oportunidades de aprender es aprender a convivir con otros. Una vez, tu hijo mayor conozca y tenga presente estos aspectos estarás lista para recibir al nuevo integrante de la familia.