A pesar de haber librado dos guerras y reestructurado en profundidad sus sistemas de seguridad, el Gobierno estadounidense insiste en que el terrorismo está lejos de ser erradicado, cuando se cumplen cuatro años de los atentados del 11-S.
El propio presidente George W. Bush, en medio de la devastación que sufren los tres estados del sur del país afectados por el paso del huracán Katrina, se ha encargado de recordarlo en vísperas del cuarto aniversario del 11-S.
"Seguimos siendo una nación en guerra. Para imponernos, debemos explicar nuestra política y nuestros valores de manera efectiva a la gente de todo el mundo", dijo el presidente.
Por tanto, subrayó que, para vencer al terrorismo, no sólo "debemos atacar a los terroristas, sino también a sus puntos de vista" y ofrecer "una alternativa de esperanza mediante la diseminación de la libertad".
Las palabras de Bush, que hasta ahora hubieran sido mayormente aceptadas sin grandes aspavientos por la población -antes de Katrina y a pesar de la creciente oposición a la guerra-, contrastan ahora con la opinión de la mayoría de los estadounidenses, según los sondeos. Una encuesta del Centro de Investigaciones Pew señaló , por primera vez, el 56 por ciento de los estadounidenses considera que "es más importante que el presidente se centre en la política nacional que en la guerra contra el terrorismo". Y es que, a pesar de la carga emocional que los atentados del 11-S representan para esta nación -y que sigue Viva, Crítica en Línea en lo que a su patriotismo se refiere- la realidad hace que el ciudadano de a pie se preocupe ya de otras cosas.