Hace 30 años se cumplió un hecho histórico. En el salón las Américas de la OEA, en Washington, se firmaron el Tratado del Canal de Panamá y el Protocolo de Neutralidad de la vía interoceánica.
El acto en sí dio inicio al fin del enclave colonial, pero forma parte de una lucha generacional, que registra su mayor expresión en los sucesos heroicos del 9 de enero de 1964.
El acto registrado el 7 de septiembre de 1977 sepultó la Convención Istmica firmada el 18 de noviembre de 1903 por John Hay y el francés Philipe Bunau-Varilla, un tratado que ningún panameño firmó, que permitía al Coloso del Norte la ocupación y control a perpetuidad de la Zona del Canal y el derecho a intervenir en Panamá.
Los tratados de 1977 surgieron tras años de negociaciones y dieron paso a una nueva relación entre Estados Unidos y Panamá.
También hay que resaltar otros esfuerzos para disminuir el colonialismo norteamericano como fueron el Tratado General de Amistad y Cooperación del 2 de marzo de 1936 y el de Mutuo Entendimiento y Cooperación del 25 de enero de 1955.
La hora cero del pacto canalero que hoy cumple su trigésimo aniversario tuvo su punto clave al mediodía del 31 de diciembre de 1999, cuando el Canal fue entregado a manos panameñas y fueron desmanteladas las bases del Comando Sur. De esos tratados queda pendiente la obligación estadounidense de descontaminar los polígonos de tiro. El gobierno panameño debe mantener su exigencia para sanear esas bases.
Hoy, el principal activo generado por esos Tratados: el Canal , genera mayores ganancias y ya inició la mayor ampliación de toda su historia. Ojalá que genere la riqueza necesaria para mejorar la economía del país y ayudar a los más pobres.