La justicia panameña no estaría envuelta en los contratiempos "sensibles y delicados" presentados por el caso del exgeneral Manuel Antonio Noriega, si el expresidente Guillermo Endara, en lugar de pedir al Vaticano entregarlo a Estados Unidos, hubiera dejado que la justicia lo juzgara en Panamá, dijo el vicepresidente y canciller Samuel Lewis Navarro.
Según el canciller, el embajador Eloy Alfaro fue quien llevó la misiva firmada por Endara al entonces Nuncio Sebastián Laboa, dirigida al Papa Juan Pablo II, en la que le solicitaba que cesara el refugio temporal que le había dado a Noriega.
"Revisé el texto de la carta, y luego el presidente Endara me pidió que la llevara a la Nunciatura", dijo Alfaro, quien relató que gestionó ante el alto mando militar de Estados Unidos, que en diciembre de 1989 ocupaba Panamá, el acceso a la Nunciatura Apostólica.
"Le entregué la carta a monseñor Laboa a través del portón de la Nunciatura. En ella, el presidente Endara hacía un recuento de la situación de inseguridad que vivía el país y le pedía al Papa que pusiera fin al refugio que el Vaticano le había otorgado a Noriega", relató Alfaro, quien ese momento colaboraba en la Cancillería.
"El presidente Endara argumentaba que si el Vaticano entregaba a Noriega a Estados Unidos, se le juzgaría por sus delitos y se le garantizaría la seguridad personal", añadió Alfaro.
La carta señaló específicamente el pedido a Juan Pablo II. "Solicitamos respetuosamente a su Santidad que ponga fin al refugio que su representante ha otorgado temporalmente a Noriega. La realidad de la actual situación en el terreno es que de salir el señor Noriega de la Nunciatura, estaría en manos de las tropas de los Estados Unidos que garantizarían su seguridad y, es de presumir, lo llevarían ante la justicia por los crímenes comunes y despreciables de que se le acusa en ese país", indicó la carta en uno de los párrafos.
Según Endara, dicha carta no existe y había tildado de mentiroso al canciller.