La amenaza cubana de romper relaciones con Panamá en base a un supuesto está alejada de la cortesía que rigen las relaciones diplomáticas y sin duda constituyen una intromisión en los asuntos internos del istmo.
Bajo el rumor de que se prepara un indulto a favor de los anticastristas detenidos hace casi cuatro años por planificar un atentado contra el presidente Fidel Castro, los cubanos han lanzado todo tipo de amenazas.
Cuando se produjo la invasión norteamericana a Panamá, Cuba concedió asilo y refugio a varios militares acusados de participar en la llamada Masacre de Albrook. Panamá hizo los reclamos de extradición, pero siempre con el mayor respeto.
En 1974, Panamá restableció relaciones diplomáticas con la isla. Fue una decisión valiente, porque entonces persistía el anticomunismo y estaba en su apogeo la guerra fría entre Estados Unidos con la Unión Soviética y sus aliados.
Desde entonces, Panamá y su Zona Libre han sido utilizadas por el gobierno cubano para romper parte del bloqueo impuesto por los norteamericanos. Las relaciones se han mantenido en un marco de respeto y los intercambios deportivos, culturales y en otras ramas han sido constante.
Por eso extrañó la posición altisonante de la Cancillería cubana ante lo cual no le quedó otra opción a Panamá que retirar a su embajador en La Habana.
Pese a todas las dudas, la justicia panameña condenó a Luis Posada Carriles y su grupo, que hoy purgan condena en una cárcel de nuestro país.
Panamá no se ha hecho de la vista gorda ante los cargos que se le imputaban a los anticastristas, caso contrario a lo sucedido en La Habana, cuando los militares involucrados en la Masacre de Albrook, se radicaron allá.