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  OPINIÓN


La superabuela despistada

Por: Hermano Pablo | Reverendo

La anciana terminó de hacer sus compras en el supermercado, y al volver adonde estaba su auto, descubrió a cuatro hombres en el acto de robárselo. Al instante la mujer soltó sus bolsas, sacó un revólver, y les gritó a todo pulmón: "¡Como pueden ver, tengo un revólver y sé cómo usarlo! ¡Salgan del auto, canallas!"

Trató de meter la llave una y otra vez hasta que por fin cayó en la cuenta de por qué no lograba hacerlo. A los pocos minutos encontró su propio auto estacionado a unos metros de distancia.

La despistada anciana metió las bolsas en su auto y se dirigió a la estación de policía para denunciar la tentativa de robo. El sargento ante el que prestó su declaración casi se muere de la risa mientras señalaba al otro extremo de la dependencia, adonde cuatro pálidos hombres prestaban su propia declaración acerca del robo de su auto, perpetrado por una enloquecida anciana de mediana estatura, con pelo crespo y canoso, con anteojos y llevando un revólver enorme.

¡Con razón que a la "heroína" de esta historia la hayan apodado "la superabuela"! Ya nos podemos imaginar la vergüenza que debe de haber sentido una vez que se percató de su error. Todos comprendemos perfectamente que no había modo de que aquella anciana, con las llaves de su propio auto, lograra arrancar un auto ajeno. De eso no nos cabe la menor duda. Y tampoco dudamos de la sinceridad de la pobre mujer, pues es probable que en el momento menos pensado, al igual que ella, cada uno de nosotros nos hayamos equivocado con toda sinceridad. Pero hay algo de suma importancia que muchos no hemos llegado a comprender, tal vez por tratarse de algo espiritual y no material. Porque todos tenemos la tendencia a restarle importancia a lo espiritual.

Lamentablemente hay muchas personas convencidas de que todos los caminos conducen al cielo. Con esa misma lógica pueden alegar que todas las llaves arrancan todos los autos que van por todos los caminos que conducen al cielo. Pero están sinceramente equivocadas, porque así no son ni esta vida ni la venidera. Más vale que tomemos en serio la "fórmula única" para llegar al cielo, pronunciada por Jesucristo, el Hijo de Dios.



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