La subversión, la migración ilegal, la protección de los bosques y el peligro de enfermedades que afecten a la agricultura, como la fiebre aftosa, frenan el sueño de abrir el Tapón de Darién, entre Panamá y Colombia, para construir un extenso tramo de la carretera Panamericana que uniría a toda América por tierra.
Panamá abandonó la idea de abrir el Tapón del Darién hace 64 años, temeroso de que amenazara la seguridad del Canal o provocara una avalacha de indocumentados desde Colombia, Perú, Ecuador y el resto de América del Sur.
El presidente de Colombia, Alvaro Uribe, anunció el pasado 15 de agosto el interés de su país en impulsar, con el gobierno del presidente electo de Panamá, Martín Torrijos, la construcción del tramo pendiente de carretera Panamericana entre la provincia de Darién y el departamento del Chocó, a través de la densa selva de Darién.
En la frontera entre Panamá y Colombia operan la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionaria de Colombia (FARC), así como grupos paramilitares de las Autodefensas de Urabá y Córdoba, lo que obligó a Panamá a instalar miles de agentes armados en los poblados fronterizos.