Se necesita una entrega profunda y total para amar y mucho valor para eso. ¿Tiene usted ese valor para amar y entregarse de verdad con el riesgo de ser rechazado? Hay muchas personas que en la actualidad tienen temor de llegar al matrimonio, prefiriendo vivir juntos antes de enfrentarse a un sacramento y a un compromiso formal. En el fondo lo que temen es un juramento de continuidad y, por eso, no se casan. La verdad es que se necesita mucho valor para amar. El amor nos lleva, inevitablemente, al compromiso. ¿Tiene usted el valor para amar o le falta valentía para entregarse?
También se necesita valor para perdonar. No es posible amar por mucho tiempo, si no tenemos la capacidad de perdonar con facilidad. En todas las relaciones interpersonales, nuestro amor no va a durar mucho a menos que podamos perdonar con prontitud. Cada vez que se entrega totalmente en el amor, tendrá en algún momento que perdonar a las personas que ama, porque no todos le van a devolver lo mismo que usted da. Quizá usted está alimentando un resentimiento contra su esposo, o contra su esposa, o contra su hijo, o contra su maestro y no tiene el ánimo para perdonar. Si realmente usted perdonara, tendría que tragarse su orgullo. Las personas que tienen el valor de perdonar llegan, para eso, a ser muy humildes. Se requiere valor para amar, se requiere valor para perdonar, porque cuando uno ama y cuando uno perdona, corre el peligro de ser rechazado por aquellos a quienes ama. También quienes nos rodean se pueden burlar de nuestro acto de amor y de misericordia, confundiéndolo con un acto de debilidad. Se necesita valor para dar un sí hasta la muerte al mismo Señor. Existen personas que son en verdad valientes, enfrentándose a una dura batalla contra una enfermedad incurable asumiendo el compromiso de mantenerse estable emocionalmente y hasta sonrientes, generosos, alegres y dispuestos a servir hasta el último momento.
Valor es aquella persona capaz de decir en su matrimonio: En verdad te acepto en el bien y en el mal, en la pobreza y en la riqueza, en la salud o en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. Que Dios nos conceda la gracia de mantener vivo el valor. Con Él es posible, porque ¡CON EL SOMOS INVENCIBLES!