domingo 13 de agosto de 2006

 

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  NACIONAL

SUCESO: EN LA ISLA DE SAN MIGUEL
Envenenaron a un presidente panameño

Agustín Jurado | Crítica en Línea

Los golpes de cuartel eran frecuentes durante la época en que el istmo de Panamá tenía el status de Estado Federal de Panamá. Gozábamos entonces de una aparente autonomía, pero seguíamos atados al carro de la dominación colombiana.

Dos fuerzas muy beligerantes se enfrentaban continuamente: los de adentro y los del arrabal. Los primeros eran connotados dirigentes y militantes del Partido Conservador y los otros, enarbolaban la bandera del liberalismo popular. Estos grupos en permanente pugna y abrigando odiosidad y racismo, sobornaban a los comandantes del ejército colombiano, para las asonadas que hacían oscilar el poder entre un liberal arrabalero como el máximo líder arrabalero, general Buenaventura Correoso, o un acaudalado conservador.

Correoso organizó una tenaz oposición al general Vicente Olarte Galindo, quien era cuestionado por el grueso del pueblo istmeño por las continuas represiones contra los liberales, especialmente por la matanza que llevó a cabo con su ejército, el 24 de marzo de 1866, contra los liberales santaneros que intentaron apoderarse de cierta cantidad de armas del Cuartel de Chiriquí.

La finalidad de los revolucionarios era derribar al gobierno del presidente Gil Colunje. Su gobierno fue de continuas represiones en todo el territorio del istmo. Los conservadores, eran dueños de grandes haciendas ganaderas, de prósperos comercios en asocio con extranjeros y partidarios de un centralismo que favoreciera sus intereses. Estos personajes no cesaban en halagar al general y de invitarlo con frecuencia a banquetes y agasajos tanto en la ciudad de Panamá como en los poblados interioranos.

Así las cosas, el general Olarte Galindo recibió una invitación de los aduladores conservadores que formaban el grupo dirigente en la isla de San Miguel, en el Archipiélago de Las Perlas.

Los invitaban a un banquete con comidas a base de mariscos, rociados con los más exquisitos licores importados de la ciudad de Panamá. Amigos personales del general le aconsejaron que no aceptara esa invitación, porque tenían conocimiento que durante una gira que realizó por La Chorrera, los liberales acaudillados por Buenaventura Correoso, intentaron asesinarlo a balazos cuando la comitiva del presidente realizaba un paseo al chorro del lugar, que ya para entonces gozaba de merecida fama y de sitio de esparcimiento.

En efecto, el general tenía conocimiento de estos hechos. El alcalde del lugar lo había puesto en autos de que estuvo a punto de perder la vida en esa ocasión.

Pero el general Olarte Galindo, a pesar de ser un individuo cruel y proclive a los continuos fusilamientos de sus enemigos, que tenían lugar en la Plaza de la Catedral, con la excusa de que los demás "revoltosos" escarmentaran, era un hombre valiente. Había ganado el rango de general en el fragor de la guerra.

Olarte Galindo partió con su comitiva hacia las islas de Las Perlas el 10 de marzo de 1868. Podemos imaginar la manera entusiasta y alegre con que fue recibido el presidente por parte de los conservadores del lugar y por los sencillos moradores, gente que no estaba al tanto de los excesos cometidos por el general.

Cuentan que el suculento banquete se sirvió bajo un palmar a orillas de la playa. Olarte era muy aficionado a los finos licores, y desde su llegada se sucedieron los brindis, los que no despreciaba el mandatario. A la hora de servir el almuerzo consistente en toda una variedad de exquisitos mariscos, el homenajeado estaba borracho, y casi no se daba cuenta qué era lo que comía.

De pronto, se vio aquejado por un dolor muy agudo en el vientre. La vista se le nubló. Lo invadió un mareo y mientras se desplomaba, el general Olarte Galindo gritó adolorido:

Maldita sea.. me han envenanado ..m..m..e ..han ..en..ve..ne..nado..aghhh..!

El general presidente fue trasladado a toda prisa a la capital luego de prestarle los primeros auxilios en el lugar, pero al llegar a Panamá, murió en medio de atroces dolores. Los médicos diagnosticaron que falleció a consecuencia de la fiebre amarilla muy común en esos tiempos.

Durante muchos años, el general liberal Buenaventura Correoso fue acusado de este supuesto crimen, pero nunca se le pudo comprobar nada. Sigue en el misterio el envenenamiento de este presidente del Estado Federal de Panamá.

 

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