sábado 9 de agosto de 2008

 

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  OPINION

EDITORIAL
Llama de vida

Cuando la llama de los Juegos Olímpicos de Beijing estalló en medio de fuegos artificiales, lágrimas, emoción y 204 banderas unidas en cinco aros, nació una nueva China. No existe sobre la tierra otra actividad donde el hombre demuestre todo su poderío natural como esta justa deportiva universal.

Países que en su momento hicieron la guerra, hoy hacen la paz, hoy conquistan el corazón del planeta a través del deporte. Nada une a más pueblos, nada hermana a más hombres, nada logra consolidar la fraternidad como el deporte, que al final es competitivo, cierto, pero competencia justa, digna y armoniosa, donde no hay sangre ni muerte, si no respeto, reglas y ganadores.

El hombre muchas veces quiere demostrar su poderío en armamentos, en quién tiene más tropas. Pero el deporte es más justo que eso, acá cada nación prepara a sus mejores hombres y mujeres para que los represente dignamente.

Panamá no escapa a esa realidad, cinco atletas ponen en marcha nuestra representación. Allí está nuestra bandera, nuestros colores y si Dios lo permite el himno nacional por primera vez será entonado en esa justa deportiva.

Cuando Irving Saladino salte estarán todas las esperanzas de un pueblo. Cuando se haga realidad nuestro sueño de una medalla olímpica, entenderemos porque no existe sobre la faz del planeta una actividad más digna y propia del ser humano que el deporte.

Fue impresionante la inauguración de las Olimpiadas. Mientras el atleta flotaba en el aire para encender el pebetero, más de una lágrima corrió en los que aman el deporte. Panamá es parte de esta historia. Allí estuvo nuestra bandera, la misma por la que tantos hombres y mujeres han dado hasta la vida. Esas cosas no tienen precio, no se compran, no tienen un valor monetario, van cargadas de sangre hecha de fuego... fuego puro y verdadero, el fuego que emerge de la llama olímpica, esa que jamás debe dejar de existir. El mundo la necesita más que nunca.

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