El tiroteo en Denver, Colorado, Estados Unidos, puede ser interpretado como la consecuencia lógica que la exposición a mensajes violentos tiene en los jóvenes televidentes, oyentes o lectores, según sea el caso.
Dos jovencitos minaron el campus de su colegio, tirotearon a sus compañeros, mataron a 25 estudiantes y profesores, y luego se quitaron la vida. ¡Qué desastre!
Los hijos de los panameños consumen demasiados mensajes que vienen de esa poderosa nación, Estados Unidos.
Aquí se han copiado los modelos que ellos han impuesto: su comida, su música, sus parámetros económicos y su manera libertina de ver y vivir la vida.
Ya están lejos y sepultados bajo muchas capas de olvido, los años cuando en Panamá se vivía de manera vecinal y a la sombra de modos culturales civilizados y cultos: era los tiempos de la influencia europea entre los panameños.
Ahora impera la melena y la droga; los harapos de la gente de color en Nueva York; su música estridente y vulgar; la violencia incorregible que vende Hollywood.
Los panameños han ido copiado desde programas hasta la forma de caminar de los ciudadanos de otras latitudes.
Las familias panameñas deben tener cuidado.
Es muy posible que todo ese producto cultural decadente que consumen los jóvenes panameños no influya en nada, y la muchachada esté a salvo de un futuro destructivo. Pero también puede ser que la mala cultura que se está bebiendo de la televisión y las producciones musicales nos destruya como país.
¿Estamos dispuestos a esperar para comprobar si es así o no?