Se encuentran ustedes reunidos en la Ciudad de México, en torno a una causa que para mí es de vital importancia. No hay lucha más noble y más justa que la de ustedes: la de luchar día tras día para salvar las vidas de millones de hombres, mujeres, niños segadas por la plaga del SIDA. No hay causa más noble y más justa que la de luchar por los Derechos Humanos y en contra de todas las discriminaciones que azotan a las minorías, a las personas frágiles y a todos los desamparados.
Para mí reviste especial importancia rendirles hoy un homenaje particular y manifestarles solemnemente el apoyo así como la solidaridad de los ciudadanos de Francia y de la Unión Europea.
Ustedes conocen el gran interés que otorgo, y el que otorga Francia, a esta exigencia de salud pública que es la ustedes. Se trata de una exigencia profundamente política y una exigencia profundamente moral.
Nada podrá desviar a Francia de su compromiso duradero en la lucha contra el SIDA. Francia ha permanecido, permanece y permanecerá en los puestos de avanzada de la lucha en contra del SIDA: Francia dedica 1 400 millones de dólares anuales a la salud en los países en desarrollo; Francia es el primer contribuyente al Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo, detrás de Estados Unidos, y el primer país del G8 por habitante en la materia; Francia es también el primer contribuyente de UNITAID, que es hoy día uno de los más importantes compradores de antirretrovirales en el mundo. Nuestra acción bilateral se caracteriza también por su dinamismo.
Damas y caballeros:
Pueden contar con Francia y con la Unión Europea para luchar con decisión, al lado de ustedes, en contra del SIDA, en los meses y los años por venir. Para lograrlo, debemos ayudar al fortalecimiento de los sistemas de salud, y pienso en particular en el apoyo a los recursos humanos, que tanta falta nos hacen. El éxito del acceso universal a los tratamientos en los países en desarrollo depende de ello.