Siempre he soñado que cualquier gobierno o sindicato de la subespecie "parasitus obreris" me nombrase como: Justificador automático de los desbordamientos palaciegos y de los triunfos en luchas sindicales... Claro, que mi objetividad valdría una paila de guacho mensual de B
5,000.00 , para compartirla con el Negro pereza de Pedregal y los que acuden al palo de mango que le sirve de barbería.
La falta de autocontrol en las declaraciones de muchos mandatarios y burócratas en momentos álgidos, contrasta con las respuestas de fijas líneas de conducta de gremialistas. Este defecto fatal de actuar sin reglas se ha constituido en marca de fábrica en la mayoría del brioso equipo Martinelli. Tratar de borrachos a nuestros gloriosos autóctonos de Bocas, cuando sabemos que sus cabezas son manejadas por piojos y por mentes programadas de izquierda que detestan el progreso, es como pisar una caza bobos sin cutarra. Decirle maleantes a los supuestos obreros que lanzan bloques y pesadas vigas a los vehículos y ciudadanos de a pie, desde un decimonónico piso , cuando se les pudo señalar con adverbios y adjetivos que rimasen con frutas, es un descontrol apto para que la prensa parezca burlarse. Mientras que los programados sindicalistas se doblan de la risa y el gozo viendo al gobierno dando palos de ciego en medio de las trampas preparadas sin mucho esfuerzo.
Si el gobierno no tiene auto control cuando parla y cada gallote hala con su pico no habrá reglamento que valga, por bueno que sea. Equipos de muchos mandatarios panameños han tirado al tinaco el aforismo Kantiano: "un buen reglamento ha de servir hasta para una raza de demonios". Una de las grandes excepciones lo es el ministro del MEF a quien no se le encuentran declaraciones melifluas, el tipo parece un estadista.