Los hijos sobreprotegidos por sus padres, que gozan de una aparente seguridad, corren el riesgo tarde o temprano de no saber cómo valerse por sí mismo.
La sobreprotección que muchos padres ejercen sobre sus hijos puede conformar una personalidad débil, reacia a asumir responsabilidades propias de la edad adulta.
Estos niños también pueden sufrir daño psicológico, según distintas investigaciones.
Entre los problemas que se presentan están la falta de autonomía personal, inseguridad, dependientes de los adultos, poca creatividad y, por tanto, vulnerables e incapaces de llegar a una completa madurez.
UN CUENTO DE HADAS
Para algunos expertos, los hijos pueden desarrollar el "Síndrome de Peter Pan", propio de personas dependientes que han sido sobreprotegidas por sus familias y no han desarrollado las habilidades suficientes para afrontar la vida.
El "Síndrome de Peter Pan" alude a aquellos sujetos que tienen un cuerpo de hombre con mentalidad de niño. No saben o no quieren renunciar a ser hijos para empezar a ser padres o madres.
Los "peterpanes" ven el mundo de los adultos como muy problemático y tienen idealizada la etapa de la adolescencia-juventud, por lo que tienden a querer mantener su estado de privilegio, según los especialistas en trastornos emocionales.
Estas personas, por lo general, tienen miedo a la soledad, por lo que intentan rodearse de gente dispuesta a cubrir sus necesidades. En algunos casos, pueden tener graves problemas de adaptación en el trabajo. Además cambian constantemente de pareja y buscan parejas más jóvenes, porque en cuanto una relación empieza a implicar un alto nivel de compromiso y responsabilidad, suelen asustarse y acaban rompiéndola.
CONFLICTOS A LA VISTA
Según las expertas Alexandra Godoi y Carla Santiago, si se presta a los niños "ayuda innecesaria" es probable que se haga de ellos "niños con falta de autonomía personal, inseguros y dependientes en exceso de los adultos".
Algunas de las vivencias problemáticas por las que pueden pasar los niños de 7 a 12 años son: no terminar de integrarse en clase, tener bajos resultados académicos y no estudiar diariamente, frecuentes faltas de disciplina y mal comportamiento.
Además, los compañeros se meten con él o ella por estudioso o por tener alguna "rareza" física o de comportamiento. Esto puede variar en ciertos casos.
Cuando los padres intervienen directamente ven el problema siempre en los otros, no suelen solucionar los conflictos, sino se magnifican y acaban enrareciendo el ambiente de grupo.
BUSCA SOLUCIONES
La psicóloga clínica María Gracia Castañeda recomienda enseñar a los hijos a resolver sus problemas, confiando en su capacidad para encontrar soluciones, estando cerca y supervisando respetuosamente sus acciones, lo cual les ayuda a que desarrollen gradualmente sus propios recursos.
La psiquiatra afirma que "es necesario que el niño conozca el miedo para que pueda superarlo, privarlo de éste es una manera de convertirlo en vulnerable".
Enseñar a nuestros hijos a resolver problemas es guiarlo para la búsqueda de soluciones, y luego enseñarles a encajar con humildad y alegría sus éxitos y a aceptar sus fracasos cuando no consiguen sus objetivos. Para ello, hay que confiar en el niño, en su capacidad para encontrar las soluciones a problemas, por muy simple que sean, según su edad.