El arte en Panamá desde 1500 después del descubrimiento hasta la revolución del 3 de Noviembre de 1903 fue impuesto por el conquistador con humillación y látigo y sin ninguna libertad para el panameño y ya en artes o artistas, si surgió un pintor como Hernando de la Cruz en Ecuador, fue el patrón colonial religioso y sin la menor posibilidad de una expresión personal propia, igual sucedió en Arquitectura y escultura, y en literatura y si un Tomás Martín Feuillet logra introducir el romanticismo francés tardío, pudo superar la odiosidad del verdugo colombiano en la era de su dominio en Panamá.
Con la Independencia se logra avanzar en literatura cuando Darío Herrera introduce el Modernismo, pero la división de clases aparece cuando se logra que el Pintor aristocrático Roberto Lewis domine la primera mitad estética en - Panamá con su neoclasicismo, que retrocedió el arte panameño 5 décadas, así los pocos pintores que logran sobresalir no pudieron superar ni el prestigio, ni la clase social del Club Unión, las relaciones políticas y económicas, etc., como Humberto Ivaldi, Manuel E. Amador, Rubén y Carlos Villalaz, etc., de los pintores más destacados neoclásicos.
La escultura que es un arte difícil se importó en grandes monumentos pasado desde el de Balboa, Cervantes, Pablo Arosemena, de Francia, de Colón, Porras, Remón, se desconfió del autor nacional ontológicamente y debieron superar una serie de escollos los escultores panameños como José M. Ulloa, autor del Monumento al Poeta Ricardo Miró, Leoncio Ambulo, autor de la estatua de Remón de bronce superando la fundición nacional, Pedro Aldrete como orfebre y el Escultor J. Guillermo Mora Noli, autor del arte cilíndrico del monumento a la Madre en el Tribunal Tutelar de Menores en Panamá y del Grito de Los Santos y del Mural Hípico en el Hipódromo Remón y reconocido mundialmente en el Almanaque Mundial con una tirada de 3 millones de ejemplares. Otros escultores como Francisco Cebamanos, el Che Torres y Carlos Arboleda aportaron obras notables a la cultura del país.
Por: GUILLERMO MORA NOLI. Esta información es tomada de la Revista Cilíndrica # 3, septiembre - octubre de de 1972.
En noticia gráfica aparecida en el Panamá América en junio de 1972, aparecen los miembros del extinto Club Los Tigres de Colón. Que tuvo destacada actuación entre los años de 1952 y en adelante y donde se recuerda que este grupo llevó a cabo obras en bien de la comunidad colonense como el Monumento a la Madre de la ciudad de Colón.
Ciudad contrapuesta a las más extrañas y exóticas influencias y con el predominio de la liga de las naciones en el aspecto etnológico, encontramos diversidad de nacionalidades de todas partes del mundo. La fuerte penetración norteamericana al otro lado de la frontera de la ciudad de Colón con la Ciudad de Cristóbal, en el sector alquilado a la Zona del Canal de Panamá, produce en la población colonense una dualidad cultural entre lo español e inglés y donde se están perdiendo los valores culturales y folklóricos de Panamá.
Extraña sobremanera la xenofilia de los señores que pertenecieron al fenecido Club Los Tigres de Colón, quienes para la creación del Monumento de tipo italianizante de la Madre en Colón, despreciaron o ignoraron a los profesionales escultores panameños como Mora Noli, Ulloa, Ambulo, Acevedo, Bartley, Ramón Fernández. Etc., Para preferir encargarlo importado contra los intereses culturales panameños al Sr. Angiolo Vaneti.
Escultor florentino quien ha hecho fortuna en Panamá poblando de obras académicas al país. El odio colonense al esfuerzo y sacrificio de los escultores panameños que mal pagados y valorados, sin apoyo oficial, ni económico, sin herramientas, ni la alta técnica industrial europea, han podido superarse levantando obras que son patrimonio y verdadera representación espiritual de la nacionalidad panameña.
En cambio, no vemos eso en la estatua de la Madre de Colón, con una figura de una mujer anti panameña extranjera que contradice los postulados de la soberanía espiritual del país, poniéndole a las madres panameñas el modelo importado de una mujer neocolonialista en el eterno complejo de inferioridad de los señores del Club Los Tigres de Colón, que prefieren el tipo de mujer europea italiana, por sobre el verdadero panameño de la mestiza o criolla nativa. Igual a este tipo xenofílico colonense ocurrió con los bustos de los Próceres de Colón, que en vez de darle trabajo al profesional panameño buscaron los señores concejales como a un Sr. de apellido Nelthingale a Italia, para la nueva importación escultórica.