Dios no quiere que se derrame tanta sangre en nuestra patria. Le duele ver tanta muerte violenta y entre ellos muchos jóvenes asesinados. Los ajustes de cuentas y otras causas están enterrando vidas en muchas partes del país y El Señor sufre al ver que este no es el mundo que el soñó y quiso.
Esta realidad de violencia que se ciñe sobre Centroamérica y que ya tuvo tres guerras civiles en países hermanos y que sigue cegando miles de vidas está manejada por Satanás y por crueles motivos que van desde el tráfico de drogas, venganzas y crímenes pasionales, hasta el de conflictos comerciales y el de peleas entre maras.
Por cualquier cosa se acude a las armas y los pleitos, muchos de ellos, acaban de manera violenta. ¿Y qué podemos hacer?.
1-Comencemos por usted y nosotros. Trabajar interiormente para purificar nuestra alma y pacificar nuestro interior para así ser personas pacíficas.
2-Acostumbrarnos a mirar los problemas como parte de la vida y no reaccionar inmediatamente cuando aparece algo negativo con gritos, malas palabras, amenazas y ganas de pelear.
3-Ir promoviendo una cultura de paz, empezando por la familia y siguiendo por nuestras comunidades y llevando un mensaje de reconciliación a los diferentes estamentos de la sociedad donde nos movemos.
4-Hacer mucha oración por las zonas del mundo que están en conflicto y por nuestra realidad violenta, sumándonos a grupos que promuevan la paz en nuestro país.
Todo ha sido creado para usted: el día, la noche, el sol, la luna, los animales, la naturaleza. Pero Dios se siente triste cuando pasa el día y usted no le ha dirigido ni un solo pensamiento, cuando ni una sola vez le ha dicho la palabra "gracias". Solamente nos acordamos de Él cuando estamos necesitados. El nuestro es un amor interesado. Y Dios sigue paciente con los brazos abiertos a que un día le digamos: "Gracias, Señor, por el día de hoy, por todo lo que me da. Gracias, Señor, por tu amor". El está a la espera de nuestros detallitos y en ellos se mide el amor. ¿Por qué no tenemos más detalles para el Él? ¿Por qué, a partir de hoy, no dedica más de su tiempo a la oración o a leer la Palabra de Dios y a observar todo lo que Él hace por usted? ¿Por qué no le ofrece su propia vida?
El Señor le ama y quiere entablar con usted un encuentro de amor. Bríndele sus detallitos, pídale que lo ayude, porque ¡CON DIOS, USTED ES INVENCIBLE!