Como una gran noticia para Panamá debe interpretarse la decisión de UNESCO de declarar el Parque Nacional Coiba sitio de patrimonio mundial. Se consolidan por fin los esfuerzos de los grupos ambientalistas y de quienes lo intentaron desde el 2003.
Sin embargo, importante y prioritario es que el gobierno nacional siga encaminando los esfuerzos hacia la protección de esta área que desde ayer, será punto obligado de visita de los turistas que ingresen a nuestro territorio.
Así lo han venido haciendo las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) que confían en disponer sus fondos en beneficio del bien natural, que en el caso de Coiba, son muchos y muy variados.
Es así como la Fundación MarViva, Crítica en Línea, por ejemplo, viene llevando adelante estrategias de conservación del área marina y terrestre del parque a través de los patrullajes conjuntos con entidades gubernamentales como la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM) y la Policía Ecológica.
Esa ONG y las entidades deben continuar en la titánica labor de cuidado y protección del parque. El área puede atraer inversión extranjera, pero el interés se desvanecerá tan pronto como el deterioro, la desatención o el interés echen mano de este preciado recurso.
El Fuerte San Lorenzo, el Arco Chato que como Coiba, fueron distinguidos por la UNESCO en su momento, saborean hoy el amargo trago del abandono y la desidia.
Digno es de recordar que el archipiélago del Parque Nacional Coiba está formado por 13 grandes islas, seis pequeñas y 40 islotes. Allí se han identificado más de 300 especies de peces.
Sus mares resguardan especies como tiburones, manta rayas, dorados y atunes aleta amarilla. También son hábitat de la ballena jorobada y ballena orca.