Hace una semana fuimos sorprendidos por una serie de sismos, que si bien no causaron daños serios ni heridos, sí generaron gran temor en incertidumbre en muchos ciudadanos, y nos recordaron lo impredecible de la naturaleza.
Todavía algunos no se sacudían el miedo cuando el fin de semana, aguaceros con viento fuerte y lluvia de granizo afectaron 51 viviendas, así como propiedad privada y pública en Los Patos de Tocumen, el Sector 7 de Mañanitas, la 24 de diciembre, Santa Eduviges, Punta del Este y La Riviera de Pedregal.
Si sumamos estos eventos a la fuerte ventolina de hace dos semanas, que derribó varios árboles y causó voladuras de techos en toda la ciudad capital, esto nos da tres eventos naturales de consideración en menos de un mes.
Esta convergencia de acontecimientos climáticos y geológicos no resultaría tan grave si no fuese por las más recientes informaciones sobre la situación en que la anterior administración gubernamental dejó al Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC).
Luego de haber retomado Arturo Alvarado las riendas del SINAPROC, se ha reportado que el 70% de los equipos de la entidad se encuentran fuera de servicio o en condiciones paupérrimas.
Un informe interno de la entidad reveló "Redes de informáticas colapsadas, equipo de rescate acuático en mal estado, infraestructura física deteriorada, red de radiocomunicaciones limitadas y la flota vehicular malograda", entre otras deficiencias, que según Alvarado hacen del SINAPROC actual incapaz de dar la respuesta adecuada a situaciones de emergencia.
El SINAPROC y el gobierno central deben conjugar esfuerzos para redotarse de equipos para enfrentar las situaciones de emergencia que seguramente se darán, como ya pudimos constatar en las últimas dos semanas.