Lo que parecía sería un dolor de cabeza, terminó saldándose ayer con una goleada (4-0) de Panamá sobre Nicaragua.
Así, la selección dirigida por Gary Stempel, tercera del Grupo C, aseguró su boleto a los cuartos de final de la Copa Oro, en la que, el 18 de julio próximo, se enfrentará a los Estados Unidos, primero de la llave "A" y principal favorito para hacerse con el título.
LA PRIMERA PARTE
El duelo tuvo una primera mitad pareja, en la que los "Stempel's Boys" se vieron -en un principio- beneficiados por la incapacidad goleadora del rival.
A los nueve y 26 minutos, el delantero nica Samuel Wilson erró dos oportunidades claras: la primera, un cabezazo a las manos de Penedo y, la segunda, un balón que recibió frente a la portería que no supo dominar.
Fueron esas chances las más claras del conjunto de Otoniel Olivas, que, al minuto 35, fue castigado por Blas Pérez, que, de palomita, cabeceó una pelota centrada por Víctor Herrera. Era el 1-0.
Ya Blas, a los '29, había dado aviso de sus malas intenciones al estrellar -tras un remate de cabeza- el balón en el poste.
¿Y José Luis Garcés? Bien, gracias, y usted.
Con el gol, Stempel lucía un poco más tranquilo.
En la agonía del primer tiempo, el pinolero Franklin López lanzó una patada a Gabriel "Gavilán" Gómez -quien llevó la cinta de capitán-. El árbitro, de buen desempeño, no perdonó al nica y le mostró la roja. Allí se derrumbó todo para la bisoña Nicaragua que, por momentos, brindó destellos de buen fútbol.
EL COMPLEMENTO
La segunda parte fue casi un "monólogo": Panamá tocaba, acechaba, goleaba... Nicaragua aguantaba, sufría.
A los '56, a "Gavilán" le quedó un balón en bandeja de plata que, sin marca y a "boca jarro", empujó con el pecho dentro de la portería del meta Espinoza. Era el 2-0.
Pero lo peor para los nicaragüenses estaba por venir. La entrada de Luis "El Matador" Tejada por Blas Pérez a los '66 le dio un toque explosivo a la ofensiva.
Tejada, tras asistencia de Alberto Blanco, pondría el 3-1 a los '76, y luego ('88) dejaría al arquero nica tendido para fabricar el 4-1 definitivo.
De esta forma, el de San Joaquín se erigió como la figura del duelo.