La Corte Suprema de Justicia mandó a la Asamblea Nacional el Proyecto 419 proponiendo modificar la Ley 37 de 1962, del Código Agrario. Considera la Corte que por tener 45 años es ya viejo y le tilda de "abismal". El Proyecto con un Título Preliminar y dos Libros totaliza 50 páginas con 271 artículos. Ninguno de ellos dice a cuál modifica equivalente. El Libro Segundo intenta crear la nueva jurisdicción de Juzgados agrarios, uno en cada provincia y un Tribunal Superior en Santiago, aunque lo ideal es que existiera otro en Chepo. Ese libro redunda en la materia litigiosa con el consabido lenguaje de los abogados. Demandas, pruebas, jueces, sentencia, apelación.
Los enredos del Proyecto verdaderamente están es en el Libro Primero. Es evidente que la Corte no ha consultado a los gremios productores del país. En ninguna parte se menciona al indígena agro productor, ante la Corte es un fantasma, es un no Ser de la economía nacional.
El proyecto es casi un golpe de Estado al Libro II del Código Civil. Inventa un broker de tierras. Expropia los derechos posesorios, dándolos en rara mancuerna de calendario al trámite de los Decretos Ejecutivos, así es como el gobierno está dando las playas, las islas, las tierras altas, y los rellenos de accesión mal llamados Cinta Costera.
El proyecto ignora que lo elemental es hacer un nuevo Catastro General de tierras, un mapa detallado de aguas subterráneas, lacustres, fluviales, marítimas. Un agromapa nacional del aire (corrientes, vientos). El mayor error es definir la Corte Suprema los ciclos biológicos cuando en el mundo de hoy ya es cosa de todos los días la inseminación artificial, el contrato de alquiler de vientres, los invernaderos, el agro sin tierra hidropónico, las semillas clones, el goteo de plástico, los alimentos balanceados, la sincronización artificial de las ovulaciones, los comederos y bañaderos automáticos, en fin, la ciencia, la técnica, no el enredo de los diputados todos a punto de morir de congestión al salir de un banquete con los gobernantes.